viernes, 29 de octubre de 2010

Santander


Hacía tanto que no actualizaba este blog...

cuando hay tanto que nos ha pasado.

Te fuiste a Alemania tres largas semanas. Nos fuimos de vacaciones a Santander. Empezamos el curso; tu quinto, yo, cuarto. Volvimos a vernos en los pasillos, entre clase y clase. Comiendo en la cafetería, con nuestros taper. Fuimos a la presentación de un libro y conocimos al ministro. Fuimos muchísimo al cine. Me ayudaste a hacer un corto.

Te seguí queriendo aun más que el primer día. Te sigo queriendo. Mañana también. Como hace ya... diez meses. Casi un año.

Tengo que pensar en qué quiero regalarte =)

sábado, 26 de junio de 2010

Capítulo 3

"Maadrecita"

En cuanto Dani se despidió y se vio sola ante el teclado de la habitación, Elena soltó un enorme “upssssssss”. Ni se le había pasado por la cabeza en ese pequeño rato que aquella misma tarde había quedado con su amiga Navas para ver Avatar, en 3D, por supuesto. De forma acelerada, ordenó sus pensamientos. Era perfectamente capaz de hacer las dos cosas a la vez. Ni se le pasaba por la cabeza volver a llamar al ya definitivamente “su enamorado” para romper la cita. Su primera cita. Aquel pensamiento le puso los pelos de gallina y le revolvió el estómago. Había que tranquilizarse. Lo primero de todo, ¿qué se iba a poner? Obviamente no podía ir vestida de la misma forma en la que fuese a ver a Navas… Oh, Navas, se le había vuelto olvidar. Control, control. Rápidamente, cogió el teléfono y esperó a que su amiga contestase. En cinco minutos había adelantado la cita para la hora de comer; así podrían ver la película al mediodía y Elena quedaría libre para estar a las ocho (día D, hora H) en Nuñez de Balboa, con Dani… el estómago volvió a revolverse. Vale, pues a cambiarse de ropa.

Dani se relajó en el asiento. Lo había hecho. Le había pedido salir a Elena. En su mente, empezó a imaginar lo que harían y cómo sería. ¿Llevaría ella las gafas? Él le dijo anoche que le encantaban las chicas con gafas; decía que les daba personalidad. Él se pondría su chaqueta vaquera y la sudadera negra. A lo mejor pasaba frío, pero en ciertos momentos había que sacrificarse. De pronto se dio cuenta de la posición en la que, de un momento para otro, se había colocado. Estaba de pie, en la habitación, temblando ligeramente. No era para menos. Durante mucho tiempo había soñado con encontrar a una chica original, divertida, simpática… una chica para él, con la que poder compartir su vida, sus aficiones… su cariño. Ahora esa mujer parecía haber aparecido y, a pesar de tener todo bien organizado dentro de su cabeza (o quizás no), el pequeño Dani nervioso se revolvía y gritaba de emoción y nervios en su interior. Sería mejor que hiciese sus cosas, como le había dicho a Elena, y así se le pasaría un poco el subidón. Rápidamente, sacudió la cabeza y se sentó enfrente del ordenador. Había decidido comenzar a ver Los Soprano. Seguro que le entretendría algo y le haría dejar de pensar en todas aquellas imágenes que llenaban su cabeza.

Upsssss… volvió a repetir Elena. No tenía coche. No podría ir en coche a la cita con Navas, tendría que pedirle a su padre que las llevase a los dos al Plenilunio. Después tendría que coger un autobús para volver… eso, o pedirle de nuevo a su padre que hiciese de taxi. ¿Cuánto duraba Avatar? Dos horas y media… bueno, qué más da, daría tiempo. Estas cosas siempre salen bien, al final, pensó la muchacha mientras dejaba espacio en el coche para Navas. Llevaba un regalo bien grande para ella, con motivo del amigo invisible que todos los años hacían entre ellas. Elena llevaba otro del brazo. Lo lógico hubiera sido abrir el regalo en el coche y dejarlo allí; en lugar de eso, la mente de Elena comenzó a maquinar a la vez que su boca formaba palabras que nadie en su lugar habría pronunciado con su padre tan cerca. Todo su monólogo se refirió al muchacho al que hacía tan poco había conocido. María Navas escuchó, como siempre hacía, muy atenta. No dijo nada, pero su rostro reflejaba que seguía pensando en lo loca que estaba su amiga. Ella también estaba nerviosa. Al parecer, había retrasado la cita con el hombre de sus sueños por ir a ver aquella película con Elena. Justamente igual que le había pasado a aquélla.

Dani terminó los tres primeros capítulos de la serie de televisión. Le dolían un poco los ojos. No podía seguir haciendo eso, obviamente. Miró la hora. Aún quedaban muchas para su cita. No sabía qué hacer. Bajó al salón, y pululó por la casa, para llegar, como siempre, a la cocina. Bueno, haría él la comida. Seguro que eso también le distraería un rato.

Llegaron al Plenilunio más pronto de lo que habían pensado. Todo estaba lleno de gente, como correspondía a un buen domingo 26 de diciembre. Las mujeres abarrotaban las tiendas de ropa, en las que Navas y Elena entraron para entretenerse hasta que llegase la hora de comer. En una de ellas, Elena vio una camiseta de Elmo. Entonces, recordó el emoticono que Dani le había puesto alguna vez, uno de Elmo bailando por la pantalla. A punto estuvo de hacerse con aquella prenda para regalársela a él. Sin embargo, una breve nota de sentido común le dijo que, pese a todas las ganas que ella tuviera, Dani y él no eran (todavía) nada más que amigos, y los amigos no se regalan camisetas de Elmo en la primera ocasión en la que se ven. Elena suspiró. La impaciencia la estaba comiendo el estómago y la cabeza. Y aun no había decidido qué ponerse para acudir a su cita. Con la cabeza en otra parte, opinó acerca del vestido que Navas se había probado hacía unos momentos. Tan malo debió ser su comentario, que María lo dejó en un rincón de la tienda, convencida de que no le debía quedar muy bien cuando su amiga lo miraba de forma tan extraña.

Dani contaba las horas que faltaban para salir. Ya había decidido llevar el coche hasta Conde de Casal e ir desde allí en Metro. Después de todo, era invierno y, quién sabe, si se hacía demasiado tarde, podría proponerle a Elena llevarla a casa en su coche. Eso seguro que le hacía ganar puntos. Mientras hacía la comida, su mente se llenaba de imaginaciones, cosas que podría decir, temas de los que hablar… y situaciones en las que le encantaría estar en ese momento. Las manos le temblaban.

La comida se le hizo pesada a Elena; la película se le hizo eterna y, al salir, mientras fingía pilotar un pájaro volador y saltar entre los árboles, la muchacha se dio cuenta de que jamás llegaría a las ocho a ver a Dani. Eran casi las siete, el autobús había desaparecido y su padre llegaba tarde. Mientras le esperaban, Navas y ella se congelaban cantando las típicas canciones de Disney. Ya dentro del coche, que pareció tardar siglos en llegar, Elena decidió ser coherente, mal que le pesara, sacar su móvil y escribir el primer mensaje que habría de mandar a Dani…

El móvil vibró en el bolsillo del muchacho. Estaba terminando de vestirse, a punto de salir de casa, con los nervios de punta. Al leer el nombre de Elena en la bandeja de entrada su corazón dio un vuelco. Cuando una chica te manda un mensaje justo antes de una cita, es porque no va a ir. Lentamente, abrió del todo el móvil y leyó el contenido, esperando lo peor. Al terminar, una sonrisa se escapó de sus labios.

“Llego tarde, ¿podría ser a y media? Es que no sabía qué ponerme… besos”.

No tardó nada en redactar su respuesta, la cual, también, provocó una carcajada de la chica:

“Maaadrecita”, rezaba únicamente el mensaje. Elena dedujo que se había dado por enterado y le parecía bien.

Dani se sentó en el sillón de su casa y esperó. No se le ocurría nada mejor que hacer.

Elena pasó como un huracán por su casa. Se puso la misma ropa con la que conoció a Dani aquel lejano día en el estudio de radio, ya que él le había dicho que le pareció que tenía “mucho estilo”. Se maquilló los ojos con sombra de ojos oscura, como la que Dani había dicho que le gustaba tanto, y colocó un pequeño colgante en su cuello, uno de esos que el muchacho adoraba en las mujeres. Hubiera querido hacer algo con su pelo, pero no daba tiempo. Cogió su pequeño bolso de tela y salió disparada hacia el metro de la Alameda. Afortunadamente, para entonces su coche había vuelto a aparecer y podría ir con él hasta allí.

Dani volvió, por enésima vez, a mirar la hora. Le daba igual si llegaba pronto, había decidido salir. Además, no estaría mal ponerle gasolina al coche, sobre todo si se cumplían sus ensoñaciones, en las que él aparecía como caballero andante de la joven muchacha y la llevaba en su corcel plateado hasta su palacio. O algo así. Cuando vio la gasolinera, casi se dio una palmadita en la espalda por haber sido tan listo. Estaba llena de gente, y tendría que esperar una larga cola hasta poder llenar el depósito. Había sido buena idea salir pronto. Para colmo, se encontró con dos antiguos compañeros de colegio. Los dos con los que peor se había llevado siempre, sentados cada uno en sendos audis impolutos. Ellos le miraron, sin saludar. Él hizo lo propio. Mientras ponía gasolina, intentó dejar de lado ese momento tan incómodo y concentrarse en la cita de aquella noche. No le resultó difícil. Cuando volvió a iniciar el camino, no había pasado tanto tiempo como él hubiera querido. Seguía llegando pronto.

Elena intentaba cronometrar lo que tardaban los vagones de metro en parar, dejar entrar y salir al personal, y volver a avanzar. ¿Era cosa suya, o aquella noche los trenes iban más lentos aun de lo normal? En su pequeño Ipod sonaba Extremoduro. A Dani no le gustaba nada ese grupo. Intentó encontrar uno que a él sí le llamase la atención, por eso del romanticismo y esas cosas, pensó. Pronto, los acordes de Rammstein llenaron sus oídos. Era la canción de Pussy, y la chica sonrió, recordando aquella conversación en la que ella y Dani habían decidido quedar por primera vez. Por fin, el vagón llegó a Nuñez de Balboa. Eran las ocho y media. Mientras el tren se acercaba al andén, Elena retocó su pelo, su ropa, se quitó el abrigo a pesar del frío, para estar más guapa, y se puso las gafas. Él había dicho que le gustaban las chicas con gafas. Respiró hondo.

Dani llegó a Nuñez de Balboa a la hora. Pensó que todavía le quedarían horas para esperar, pero no fue así. Estaba de pie, apoyado en la pared del andén, cuando un nuevo tren fue a parar. De forma automática, intentó adivinar el rostro de Elena entre los cristales del metro. No vio nada. Las puertas se abrieron.

Elena trataba de descubrir la cara de Dani entre toda aquella marea humana que ocupaba el andén del metro. No era fácil, pues había ido a colocarse en el último vagón del metro. Sin embargo, un cabello rubio y largo la distrajo. Era él, estaba segura. Hacia la mitad del andén, Dani la esperaba. Las puertas se abrieron. Elena cogió una gran bocanada de aire. Salió.

Dani miró hacia ambos lados. No vio a nadie. Había demasiada gente saliendo de aquellos vagones como para descubrir un rostro, unas facciones concretas. Cuando volvió a girar la cabeza, la vio.

Era él. Era el muchacho rubio del estudio de radio. Casi tal cual como le vio la primera vez, con una sudadera negra y sus pantalones anchos. Era más guapo de lo que recordaba, más guapo de lo que mostraban las fotos. Y la estaba mirando.

Era pequeñita, morenita, y con gafas. Caminaba hacia él con tranquilidad y una sonrisa en los labios. No sabía por qué, pero en aquel mismo momento le dieron ganas de coger las manos de Elena, besarla, abrazarla. No sabía por qué, pero en ese mismo momento se enamoró. Ya nada podría separarla de ella. Cuando estuvo a su altura, en lugar de todo aquello, levantó un dedo y señaló al vagón.

Elena le vio, y entró al vagón por una puerta distinta a la de él. ¿Qué le podía decir? Tenía ganas de besarle a pesar de no haber intercambiado palabra. ¿Qué le diría él?

Dani no sabía qué decir. Decidió concentrarse en encontrar un lugar del vagón en el que ambos estuvieran cómodos. Entonces, la miró. No dijo nada. Maldita sea, no le salía nada.

Elena le miró. Como deseaba tener esos ojos azules a su lado siempre.

Ambos sonrieron, nerviosos.

lunes, 31 de mayo de 2010

3 semanas


Hoy me has llamado para contarme que te han dado la beca de estudios en el extranjero. Te irás tres semanas a Alemania, a aprender alemán, a pasartelo bien, ver cosas nuevas y pasartelo bien.

Y yo te estaré esperando, cuando vuelvas;

Te quiero tanto...

Y te tengo mucha envidia

Y me da mucha pena que te vayas

Y sé que estas semanas se nos harán eternas, y muy cortas,

Y que, cuando vuelvas, te daré un abrazo, y te querré más aun

lunes, 17 de mayo de 2010

Capítulo 2

“Life´s too short”

Elena dudó ante el teclado. La musiquita estresante del tuenti, indicándole que tenía un nuevo mensaje en el chat, no paraba de repetirse, “tutu, tutu”. En la pantalla, un sugerente “eich” la invitaba a hablar, pero, ¿cómo?, ¿qué debía decir? De nuevo, otro mensaje iluminó la pantalla “¿qué tal?”.

Daniel no recordó gran cosa de esa primera conversación, no sabía por qué, pero estaba nervioso. En cada frase, en cada palabra, buscaba alguna señal que le aclarase si aquello era real o tan solo una broma más de sus amigos. Porque, ¿cómo podía una chica guapa y lista interesarse por él, hablar con él? Bueno, quizás estaba exagerando, solo le estaba hablando por el chat, había empezado él la conversación, y tampoco es que ésta estuviera dando mucho de sí. Claro, seguramente la chica tendría novio o algo así y solo querría hacer amigos y preguntarle por los apuntes del año pasado… seguramente.

De repente, la pantalla volvió a parpadear.

“Oye, ¿y si hablamos por mesenger? Es que sin mis emoticonos no soy nada…”

Esa frase le cogió por sorpresa.

“Esa frase es mía”, respondió.

Elena sonrió. No era mal comienzo que ambos compartiesen frases en común. Justo entonces, recuerda, se le cayó internet. No pudo agregar a Daniel al mesenger hasta media hora después, que se le hizo eterna. Además, su madre le avisaba de que quedaba poco para cenar. Pero lo consiguió. Su corazón se aceleraba a medida que la conversación avanzaba. Tenía ganas de levantarse de la silla y empezar a pegar saltos de alegría por toda la casa. Lo hizo, de una forma más sutil, al levantarse a beber agua; entonces su madre le preguntó por enésima vez qué la pasaba, al verla con esa sonrisa de tonta en los labios.

El tiempo se pasó volando. No importaba demasiado qué fuera de aquello de lo que estuvieran hablando, solo eran las típicas conversaciones de aquellos que empiezan a conocerse: qué tenían en común, la universidad, los estudios, las aficiones… Elena se reía de todo lo que Daniel decía, y éste sacaba todo su arsenal de chistes y gracietas para que esa risa siguiese contagiándola. El momento en el que tuvieron que apagar el ordenador para irse a cenar fue acogido con pena. Si hubiera sido por Dani, se habría pasado delante del ordenador toda la noche, pero sus abuelos estaban en casa. Elena, por otra parte, no dejó de sonreír de esa forma suya tan tonta durante toda la velada. Su madre también se reía al verla, tan feliz. Todo por una simple conversación. Elena estaba deseando que llegase la siguiente, e incluso lamentaba que las vacaciones de Navidad hubieran llegado tan pronto, pues de lo contrario hubiera tenido la oportunidad de ver a Dani en la cafetería, como de casualidad.

Dani no paraba de preguntarse si sería demasiado precipitado dar el primer paso y “pedirla salir” algún día para ir al cine, que tanto parecía gustarle, como a él, o a cenar. Ella, sin embargo, fue más rápida, aunque en un mal momento.

Al día siguiente, Elena quedó con algunos compañeros suyos de la Universidad en la cafetería, pensando que, por aquellas fechas, continuaría abierta. Se equivocó. Lo más cómico de todo fue la decisión de comentárselo a Dani en una de sus interminables y cómicas conversaciones. Él no aceptó, pero tampoco denegó la invitación. Por un lado tenía ganas de quedar con ella, pero por otro, no le hacía gracia dejar a sus abuelos en casa, y menos para “tomar unas cañas” en la Universidad. Una parte de su mente tenía miedo de que aquella muchacha, tan aparentemente perfecta para él, fuese una de esas chicas fiesteras y borrachuzas que él tanto detestaba. Ella, por su parte, no conocía ninguno de estos pensamientos, y al llegar a la Universidad y ver cerrada su cafetería, le entró el pánico. Qué pensaría Daniel de ella si aparecía por allí y no estaba. Rápidamente se reunió con sus compañeros en otro bar, sacó su portátil y, conectándose a una red de wifi ilegal y providencial, escribió un mensaje privado a Dani que, por casualidad, también estaba conectado al mesenger. Instintivamente, se puso a hablar con él, a pesar de estar rodeada de gente. Como siempre, también empezó a reírse. Aquel muchacho parecía tener el don de hacerla reír siempre que quisiera. Las chicas de la reunión cotilleaban su conversación y le preguntaban por él. Elena, sonrojada, les empezó a enseñar las fotos que más le gustaban de aquel chico. En una salía con una pelota de baloncesto, en otra vestida de traje, en otra…

- Pues yo no le veo tan guapo. – Dijo una de sus colegas.

Elena sonrió. Le daba igual. Nadie podría convencerla de que aquellos ojos tan azules no eran los más hermosos que había visto en su vida. Aunque, en realidad, aun no los hubiera visto más que a través de una pantalla de ordenador y durante unos segundos en un estudio de radio.

Al llegar la noche siguiente, Daniel seguía allí. Realmente la estaba esperando, deseando que se conectara para llevar a cabo aquello que había estado pensando durante toda la tarde. Nada más terminar con los saludos iniciales, llenos de referencias a la Nochebuena que acababan de vivir, él cantando villancicos y ella enfadada, Daniel tomó la palabra:

- Bueno, pues ahora me lo vas a contar todo; que aun no me puedo creer que haya aparecido una chica tan genial de esta forma.

Elena rió frente a la pantalla. Había dicho que ella era genial. Aceptó la propuesta, por supuesto; pero con una condición: que todas las preguntas que Dani le hiciera, tuviera que responderlas también él y, que de forma alternativa, ella también pudiera preguntarle a él todo lo que se le ocurriera.

Las dudas del chico eran de lo más inesperadas. Que cuál era su color preferido, o su comida predilecta, o cuál su película preferida. Las de Elena también iban por los mismos derroteros. Incluso empezaron un largo debate – aún inconcluso, según tengo entendido- , acerca de cuál película era mejor, si Enemigo a las Puertas, o Salvar al Soldado Ryan. Entre unas cosas y otras, la conversación fue tomando un cariz más especial. Elena, como siempre, se le adelantó y dio el primer paso al preguntarle al muchacho si tenía novia. Cuando él aseguró que no, el corazón de la chica, inesperadamente, dio un vuelco. Si bien era cierto que Daniel le gustaba, tampoco había tenido la intención, al hablar con él, de comenzar alguna relación más allá de la amistad. Sin embargo, saber que él no estaba comprometido con nadie, hacía que en su cabeza se diesen forma mil películas, sueños e ilusiones que con gran dificultad podía contener.

Todo aquello parecía preparado por el mejor guionista de Hollywood: las aficiones de ambos muchachos eran prácticamente las mismas; a Daniel le gustaba el arte, el cine, la literatura, y salir de viaje. A Elena le gustaba pintar y escribir. Eran complementarios hasta unos extremos insospechados. En la mente de ambos tomaba forma un escepticismo calculador, que les hacía dudar de la veracidad de todo este cuento de hadas. Cómo podía ser que Daniel fuese todo lo que Elena hubiera soñado. Cómo podía ser que Elena fuese la chica de los sueños de Daniel.

- No puede ser tan bueno, algo tiene que fallar.- Decía Dani a menudo.

La noche se les echó encima con demasiada rapidez. Aquel muchacho rubio tenía que dejar despejada la habitación de su hermano, desde donde había estado conectado. La muchacha, sin embargo, no le dejó marchar sin hacerle prometer que se verían pronto. Quedaron para el lunes siguiente.

- Life´s too short, ¿no?- Comentó Dani, haciendo alusión al nik del mesenger de la chica.

Elena, al meterse en la cama, se sentía como en una nube. Solo habían pasado una semana desde que empezó a chatear con su compañero de carrera, y aun así la confianza que tenía con él parecía ser la de dos viejos amigos que se conocen desde la infancia. Sentía que podía confiar en él para todo, y que, por primera vez en mucho tiempo, no quería mentirle ni disimular su forma de ser para caerle mejor o peor. Que podía ser ella misma sin temor a represalias.

El día siguiente fue recibido con regalos y cánticos. Era Navidad. Para Elena, el mejor regalo de todos ya lo había recibido. Era feliz. Lo primero que hizo, nada más conectarse a internet, fue enviarle un mensaje privado a Dani:

“Gracias por haber aparecido”, decía.

Dani, por su parte, celebró la noche de Navidad con sus amigos de siempre, pensando en aquella chica que tanto le inquietaba. De pronto, su amiga Cristina se le acercó para charlas con él.

- Bueno, ¿qué tal todo, Warto?- le preguntó, mirándole a los ojos. Dani decidió sincerarse con ella, ya que quizás una mujer podría darle una respuesta más acertada sobre lo que hacer con otra mujer. El chico ya no pretendía engañarse a sí mismo: Elena le gustaba, y soñaba con tener la oportunidad de llegar con ella a algo más que una simple amistad. Después de todo, era lo que siempre le había faltado en su vida y lo que siempre había deseado tener.

- Pues la verdad es que bien, pero estoy un poco liado, no sé qué hacer.- Contestó el muchacho.

- ¿Y eso? ¿Qué te pasa?

- Es que he conocido a una chica de mi universidad y… bueno, pues hemos estado hablando por el mesenger y …- Cristina rió mientras soltaba un gritito de incredulidad,- pues eso, que ella dice de quedar, pero yo no me puedo creer que seamos tan parecidos como parece y que todo vaya tan bien, seguro que tiene que haber algo malo por algún lado y tampoco quiero que me salga mal…

- ¿Y por qué iba a ser así? Pues si la chica te gusta y os lleváis bien, queda con ella, hombre, no puedes dejar pasar esta oportunidad, ¿no?

Dani sonrió. Así lo haría. Aunque, en el fondo, le diese miedo que todo saliera mal.

La mañana siguiente, al despertarse, el chico se encontró con una sorpresa al colocarse enfrente del ordenador. El nik de Elena empezó a parpadear casi en el mismo instante en que Dani encendió el mesenger.

- ¡Oyeeee! Que al final no puedo quedar el lunes, me voy con mis padres a Cuenca dos días, de mini-vacaciones de Navidad…

Dani tragó. Aquel era el momento de pedirle salir. Aquella misma tarde.
Venga, vamos, díselo… toma tú la iniciativa por una vez, Wart…

Elena se encogía poco a poco enfrente de la pantalla. Si Daniel no aprovechaba aquella ocasión para pedirle una cita, ella no movería un dedo. Aunque esos mismos dedos se movieran ahora nerviosos encima del teclado, deseando formar las palabras que a aquel chico parecían tan difíciles formar. El sonido del mesenger la tomó por sorpresa, y dio un respingo en su asiento.

- Pues… si quieres quedamos antes… el domingo yo no puedo, pero esta tarde sí, si quieres…

- ¡Vale!

Daniel se rió. “Life´s too short”, ¿no?

lunes, 26 de abril de 2010

4 meses juntos

Al final, no parece tanto tiempo...
"Mañana te seguiré queriendo"

sábado, 24 de abril de 2010

La Noche de los Libros 2010


"Para mi chiquitina; gracias por hacerme vivir mi primera noche de los libros, que se une a la larga lista de cosas que me has hecho descubrir, entre ellas, que la felicidad y el amor son posibles, ¡Te quiero! Dani".

Y yo a ti...

miércoles, 14 de abril de 2010

Para mi fokita

Como siempre te digo...no te "pekepreocupes". En primer lugar quiero agradecerte tus palabras y tu sinceridad. SIgnifica mucho para mi que compartas tus cosas intmias y personales, en especia tus preocupaciones, porque eso denota confianza y al mimo tiempo me permite poder aytudarte.

Yo tamien siento lo mismo que tu. EL futuro es como una carretera en la noche, alumbrada apenas unos metros por los faros del coche que se adentra en la más negra oscuridad. NO osbtante, te dire que no ahy k temer el futuro y la oscuridad, si no fijarse en las lineas k marca el camino que avanza a la luz de los faros. Es lo que siempre te digo, mañana te seguire queriendo ^^.
SObre el presente y lo de no poder darlo todo, yo tambien lo pienso. NO obstante creo k el momento de demostrar las cosas para nsotros aun no a llegado. Será cuando acabemos y debamos encontrar un trabajo. MIentras, no te preocupes, estamos aki para aprender y para ekivocarnos. Y para nada creo k seas una chica mediocre. Es mas, creo k eres una alumna estraordinaria y tienes un gran telento como escritora. Se que tendras un futuro brillante, pero no hay prisa . Poco a poko

Te kiero mucho mi niña...mas de lo k yo mismo soy capaz de aprecar. Te as combertido en la parte mas importante de mi vida, y no solo me haces feliz, sino que me combiertes en mejor persona. Eres la putna de lanza de mi particular coche y mi particular carretera. Por, esta claro que en los viajes nocturnos, se conduce mejor si en asiento de alado ahy una hermosa muchacha que te kiere.

Te amo mi niña...mi peke...mi fokita...mi vida