viernes, 29 de octubre de 2010

Santander


Hacía tanto que no actualizaba este blog...

cuando hay tanto que nos ha pasado.

Te fuiste a Alemania tres largas semanas. Nos fuimos de vacaciones a Santander. Empezamos el curso; tu quinto, yo, cuarto. Volvimos a vernos en los pasillos, entre clase y clase. Comiendo en la cafetería, con nuestros taper. Fuimos a la presentación de un libro y conocimos al ministro. Fuimos muchísimo al cine. Me ayudaste a hacer un corto.

Te seguí queriendo aun más que el primer día. Te sigo queriendo. Mañana también. Como hace ya... diez meses. Casi un año.

Tengo que pensar en qué quiero regalarte =)

sábado, 26 de junio de 2010

Capítulo 3

"Maadrecita"

En cuanto Dani se despidió y se vio sola ante el teclado de la habitación, Elena soltó un enorme “upssssssss”. Ni se le había pasado por la cabeza en ese pequeño rato que aquella misma tarde había quedado con su amiga Navas para ver Avatar, en 3D, por supuesto. De forma acelerada, ordenó sus pensamientos. Era perfectamente capaz de hacer las dos cosas a la vez. Ni se le pasaba por la cabeza volver a llamar al ya definitivamente “su enamorado” para romper la cita. Su primera cita. Aquel pensamiento le puso los pelos de gallina y le revolvió el estómago. Había que tranquilizarse. Lo primero de todo, ¿qué se iba a poner? Obviamente no podía ir vestida de la misma forma en la que fuese a ver a Navas… Oh, Navas, se le había vuelto olvidar. Control, control. Rápidamente, cogió el teléfono y esperó a que su amiga contestase. En cinco minutos había adelantado la cita para la hora de comer; así podrían ver la película al mediodía y Elena quedaría libre para estar a las ocho (día D, hora H) en Nuñez de Balboa, con Dani… el estómago volvió a revolverse. Vale, pues a cambiarse de ropa.

Dani se relajó en el asiento. Lo había hecho. Le había pedido salir a Elena. En su mente, empezó a imaginar lo que harían y cómo sería. ¿Llevaría ella las gafas? Él le dijo anoche que le encantaban las chicas con gafas; decía que les daba personalidad. Él se pondría su chaqueta vaquera y la sudadera negra. A lo mejor pasaba frío, pero en ciertos momentos había que sacrificarse. De pronto se dio cuenta de la posición en la que, de un momento para otro, se había colocado. Estaba de pie, en la habitación, temblando ligeramente. No era para menos. Durante mucho tiempo había soñado con encontrar a una chica original, divertida, simpática… una chica para él, con la que poder compartir su vida, sus aficiones… su cariño. Ahora esa mujer parecía haber aparecido y, a pesar de tener todo bien organizado dentro de su cabeza (o quizás no), el pequeño Dani nervioso se revolvía y gritaba de emoción y nervios en su interior. Sería mejor que hiciese sus cosas, como le había dicho a Elena, y así se le pasaría un poco el subidón. Rápidamente, sacudió la cabeza y se sentó enfrente del ordenador. Había decidido comenzar a ver Los Soprano. Seguro que le entretendría algo y le haría dejar de pensar en todas aquellas imágenes que llenaban su cabeza.

Upsssss… volvió a repetir Elena. No tenía coche. No podría ir en coche a la cita con Navas, tendría que pedirle a su padre que las llevase a los dos al Plenilunio. Después tendría que coger un autobús para volver… eso, o pedirle de nuevo a su padre que hiciese de taxi. ¿Cuánto duraba Avatar? Dos horas y media… bueno, qué más da, daría tiempo. Estas cosas siempre salen bien, al final, pensó la muchacha mientras dejaba espacio en el coche para Navas. Llevaba un regalo bien grande para ella, con motivo del amigo invisible que todos los años hacían entre ellas. Elena llevaba otro del brazo. Lo lógico hubiera sido abrir el regalo en el coche y dejarlo allí; en lugar de eso, la mente de Elena comenzó a maquinar a la vez que su boca formaba palabras que nadie en su lugar habría pronunciado con su padre tan cerca. Todo su monólogo se refirió al muchacho al que hacía tan poco había conocido. María Navas escuchó, como siempre hacía, muy atenta. No dijo nada, pero su rostro reflejaba que seguía pensando en lo loca que estaba su amiga. Ella también estaba nerviosa. Al parecer, había retrasado la cita con el hombre de sus sueños por ir a ver aquella película con Elena. Justamente igual que le había pasado a aquélla.

Dani terminó los tres primeros capítulos de la serie de televisión. Le dolían un poco los ojos. No podía seguir haciendo eso, obviamente. Miró la hora. Aún quedaban muchas para su cita. No sabía qué hacer. Bajó al salón, y pululó por la casa, para llegar, como siempre, a la cocina. Bueno, haría él la comida. Seguro que eso también le distraería un rato.

Llegaron al Plenilunio más pronto de lo que habían pensado. Todo estaba lleno de gente, como correspondía a un buen domingo 26 de diciembre. Las mujeres abarrotaban las tiendas de ropa, en las que Navas y Elena entraron para entretenerse hasta que llegase la hora de comer. En una de ellas, Elena vio una camiseta de Elmo. Entonces, recordó el emoticono que Dani le había puesto alguna vez, uno de Elmo bailando por la pantalla. A punto estuvo de hacerse con aquella prenda para regalársela a él. Sin embargo, una breve nota de sentido común le dijo que, pese a todas las ganas que ella tuviera, Dani y él no eran (todavía) nada más que amigos, y los amigos no se regalan camisetas de Elmo en la primera ocasión en la que se ven. Elena suspiró. La impaciencia la estaba comiendo el estómago y la cabeza. Y aun no había decidido qué ponerse para acudir a su cita. Con la cabeza en otra parte, opinó acerca del vestido que Navas se había probado hacía unos momentos. Tan malo debió ser su comentario, que María lo dejó en un rincón de la tienda, convencida de que no le debía quedar muy bien cuando su amiga lo miraba de forma tan extraña.

Dani contaba las horas que faltaban para salir. Ya había decidido llevar el coche hasta Conde de Casal e ir desde allí en Metro. Después de todo, era invierno y, quién sabe, si se hacía demasiado tarde, podría proponerle a Elena llevarla a casa en su coche. Eso seguro que le hacía ganar puntos. Mientras hacía la comida, su mente se llenaba de imaginaciones, cosas que podría decir, temas de los que hablar… y situaciones en las que le encantaría estar en ese momento. Las manos le temblaban.

La comida se le hizo pesada a Elena; la película se le hizo eterna y, al salir, mientras fingía pilotar un pájaro volador y saltar entre los árboles, la muchacha se dio cuenta de que jamás llegaría a las ocho a ver a Dani. Eran casi las siete, el autobús había desaparecido y su padre llegaba tarde. Mientras le esperaban, Navas y ella se congelaban cantando las típicas canciones de Disney. Ya dentro del coche, que pareció tardar siglos en llegar, Elena decidió ser coherente, mal que le pesara, sacar su móvil y escribir el primer mensaje que habría de mandar a Dani…

El móvil vibró en el bolsillo del muchacho. Estaba terminando de vestirse, a punto de salir de casa, con los nervios de punta. Al leer el nombre de Elena en la bandeja de entrada su corazón dio un vuelco. Cuando una chica te manda un mensaje justo antes de una cita, es porque no va a ir. Lentamente, abrió del todo el móvil y leyó el contenido, esperando lo peor. Al terminar, una sonrisa se escapó de sus labios.

“Llego tarde, ¿podría ser a y media? Es que no sabía qué ponerme… besos”.

No tardó nada en redactar su respuesta, la cual, también, provocó una carcajada de la chica:

“Maaadrecita”, rezaba únicamente el mensaje. Elena dedujo que se había dado por enterado y le parecía bien.

Dani se sentó en el sillón de su casa y esperó. No se le ocurría nada mejor que hacer.

Elena pasó como un huracán por su casa. Se puso la misma ropa con la que conoció a Dani aquel lejano día en el estudio de radio, ya que él le había dicho que le pareció que tenía “mucho estilo”. Se maquilló los ojos con sombra de ojos oscura, como la que Dani había dicho que le gustaba tanto, y colocó un pequeño colgante en su cuello, uno de esos que el muchacho adoraba en las mujeres. Hubiera querido hacer algo con su pelo, pero no daba tiempo. Cogió su pequeño bolso de tela y salió disparada hacia el metro de la Alameda. Afortunadamente, para entonces su coche había vuelto a aparecer y podría ir con él hasta allí.

Dani volvió, por enésima vez, a mirar la hora. Le daba igual si llegaba pronto, había decidido salir. Además, no estaría mal ponerle gasolina al coche, sobre todo si se cumplían sus ensoñaciones, en las que él aparecía como caballero andante de la joven muchacha y la llevaba en su corcel plateado hasta su palacio. O algo así. Cuando vio la gasolinera, casi se dio una palmadita en la espalda por haber sido tan listo. Estaba llena de gente, y tendría que esperar una larga cola hasta poder llenar el depósito. Había sido buena idea salir pronto. Para colmo, se encontró con dos antiguos compañeros de colegio. Los dos con los que peor se había llevado siempre, sentados cada uno en sendos audis impolutos. Ellos le miraron, sin saludar. Él hizo lo propio. Mientras ponía gasolina, intentó dejar de lado ese momento tan incómodo y concentrarse en la cita de aquella noche. No le resultó difícil. Cuando volvió a iniciar el camino, no había pasado tanto tiempo como él hubiera querido. Seguía llegando pronto.

Elena intentaba cronometrar lo que tardaban los vagones de metro en parar, dejar entrar y salir al personal, y volver a avanzar. ¿Era cosa suya, o aquella noche los trenes iban más lentos aun de lo normal? En su pequeño Ipod sonaba Extremoduro. A Dani no le gustaba nada ese grupo. Intentó encontrar uno que a él sí le llamase la atención, por eso del romanticismo y esas cosas, pensó. Pronto, los acordes de Rammstein llenaron sus oídos. Era la canción de Pussy, y la chica sonrió, recordando aquella conversación en la que ella y Dani habían decidido quedar por primera vez. Por fin, el vagón llegó a Nuñez de Balboa. Eran las ocho y media. Mientras el tren se acercaba al andén, Elena retocó su pelo, su ropa, se quitó el abrigo a pesar del frío, para estar más guapa, y se puso las gafas. Él había dicho que le gustaban las chicas con gafas. Respiró hondo.

Dani llegó a Nuñez de Balboa a la hora. Pensó que todavía le quedarían horas para esperar, pero no fue así. Estaba de pie, apoyado en la pared del andén, cuando un nuevo tren fue a parar. De forma automática, intentó adivinar el rostro de Elena entre los cristales del metro. No vio nada. Las puertas se abrieron.

Elena trataba de descubrir la cara de Dani entre toda aquella marea humana que ocupaba el andén del metro. No era fácil, pues había ido a colocarse en el último vagón del metro. Sin embargo, un cabello rubio y largo la distrajo. Era él, estaba segura. Hacia la mitad del andén, Dani la esperaba. Las puertas se abrieron. Elena cogió una gran bocanada de aire. Salió.

Dani miró hacia ambos lados. No vio a nadie. Había demasiada gente saliendo de aquellos vagones como para descubrir un rostro, unas facciones concretas. Cuando volvió a girar la cabeza, la vio.

Era él. Era el muchacho rubio del estudio de radio. Casi tal cual como le vio la primera vez, con una sudadera negra y sus pantalones anchos. Era más guapo de lo que recordaba, más guapo de lo que mostraban las fotos. Y la estaba mirando.

Era pequeñita, morenita, y con gafas. Caminaba hacia él con tranquilidad y una sonrisa en los labios. No sabía por qué, pero en aquel mismo momento le dieron ganas de coger las manos de Elena, besarla, abrazarla. No sabía por qué, pero en ese mismo momento se enamoró. Ya nada podría separarla de ella. Cuando estuvo a su altura, en lugar de todo aquello, levantó un dedo y señaló al vagón.

Elena le vio, y entró al vagón por una puerta distinta a la de él. ¿Qué le podía decir? Tenía ganas de besarle a pesar de no haber intercambiado palabra. ¿Qué le diría él?

Dani no sabía qué decir. Decidió concentrarse en encontrar un lugar del vagón en el que ambos estuvieran cómodos. Entonces, la miró. No dijo nada. Maldita sea, no le salía nada.

Elena le miró. Como deseaba tener esos ojos azules a su lado siempre.

Ambos sonrieron, nerviosos.

lunes, 31 de mayo de 2010

3 semanas


Hoy me has llamado para contarme que te han dado la beca de estudios en el extranjero. Te irás tres semanas a Alemania, a aprender alemán, a pasartelo bien, ver cosas nuevas y pasartelo bien.

Y yo te estaré esperando, cuando vuelvas;

Te quiero tanto...

Y te tengo mucha envidia

Y me da mucha pena que te vayas

Y sé que estas semanas se nos harán eternas, y muy cortas,

Y que, cuando vuelvas, te daré un abrazo, y te querré más aun

lunes, 17 de mayo de 2010

Capítulo 2

“Life´s too short”

Elena dudó ante el teclado. La musiquita estresante del tuenti, indicándole que tenía un nuevo mensaje en el chat, no paraba de repetirse, “tutu, tutu”. En la pantalla, un sugerente “eich” la invitaba a hablar, pero, ¿cómo?, ¿qué debía decir? De nuevo, otro mensaje iluminó la pantalla “¿qué tal?”.

Daniel no recordó gran cosa de esa primera conversación, no sabía por qué, pero estaba nervioso. En cada frase, en cada palabra, buscaba alguna señal que le aclarase si aquello era real o tan solo una broma más de sus amigos. Porque, ¿cómo podía una chica guapa y lista interesarse por él, hablar con él? Bueno, quizás estaba exagerando, solo le estaba hablando por el chat, había empezado él la conversación, y tampoco es que ésta estuviera dando mucho de sí. Claro, seguramente la chica tendría novio o algo así y solo querría hacer amigos y preguntarle por los apuntes del año pasado… seguramente.

De repente, la pantalla volvió a parpadear.

“Oye, ¿y si hablamos por mesenger? Es que sin mis emoticonos no soy nada…”

Esa frase le cogió por sorpresa.

“Esa frase es mía”, respondió.

Elena sonrió. No era mal comienzo que ambos compartiesen frases en común. Justo entonces, recuerda, se le cayó internet. No pudo agregar a Daniel al mesenger hasta media hora después, que se le hizo eterna. Además, su madre le avisaba de que quedaba poco para cenar. Pero lo consiguió. Su corazón se aceleraba a medida que la conversación avanzaba. Tenía ganas de levantarse de la silla y empezar a pegar saltos de alegría por toda la casa. Lo hizo, de una forma más sutil, al levantarse a beber agua; entonces su madre le preguntó por enésima vez qué la pasaba, al verla con esa sonrisa de tonta en los labios.

El tiempo se pasó volando. No importaba demasiado qué fuera de aquello de lo que estuvieran hablando, solo eran las típicas conversaciones de aquellos que empiezan a conocerse: qué tenían en común, la universidad, los estudios, las aficiones… Elena se reía de todo lo que Daniel decía, y éste sacaba todo su arsenal de chistes y gracietas para que esa risa siguiese contagiándola. El momento en el que tuvieron que apagar el ordenador para irse a cenar fue acogido con pena. Si hubiera sido por Dani, se habría pasado delante del ordenador toda la noche, pero sus abuelos estaban en casa. Elena, por otra parte, no dejó de sonreír de esa forma suya tan tonta durante toda la velada. Su madre también se reía al verla, tan feliz. Todo por una simple conversación. Elena estaba deseando que llegase la siguiente, e incluso lamentaba que las vacaciones de Navidad hubieran llegado tan pronto, pues de lo contrario hubiera tenido la oportunidad de ver a Dani en la cafetería, como de casualidad.

Dani no paraba de preguntarse si sería demasiado precipitado dar el primer paso y “pedirla salir” algún día para ir al cine, que tanto parecía gustarle, como a él, o a cenar. Ella, sin embargo, fue más rápida, aunque en un mal momento.

Al día siguiente, Elena quedó con algunos compañeros suyos de la Universidad en la cafetería, pensando que, por aquellas fechas, continuaría abierta. Se equivocó. Lo más cómico de todo fue la decisión de comentárselo a Dani en una de sus interminables y cómicas conversaciones. Él no aceptó, pero tampoco denegó la invitación. Por un lado tenía ganas de quedar con ella, pero por otro, no le hacía gracia dejar a sus abuelos en casa, y menos para “tomar unas cañas” en la Universidad. Una parte de su mente tenía miedo de que aquella muchacha, tan aparentemente perfecta para él, fuese una de esas chicas fiesteras y borrachuzas que él tanto detestaba. Ella, por su parte, no conocía ninguno de estos pensamientos, y al llegar a la Universidad y ver cerrada su cafetería, le entró el pánico. Qué pensaría Daniel de ella si aparecía por allí y no estaba. Rápidamente se reunió con sus compañeros en otro bar, sacó su portátil y, conectándose a una red de wifi ilegal y providencial, escribió un mensaje privado a Dani que, por casualidad, también estaba conectado al mesenger. Instintivamente, se puso a hablar con él, a pesar de estar rodeada de gente. Como siempre, también empezó a reírse. Aquel muchacho parecía tener el don de hacerla reír siempre que quisiera. Las chicas de la reunión cotilleaban su conversación y le preguntaban por él. Elena, sonrojada, les empezó a enseñar las fotos que más le gustaban de aquel chico. En una salía con una pelota de baloncesto, en otra vestida de traje, en otra…

- Pues yo no le veo tan guapo. – Dijo una de sus colegas.

Elena sonrió. Le daba igual. Nadie podría convencerla de que aquellos ojos tan azules no eran los más hermosos que había visto en su vida. Aunque, en realidad, aun no los hubiera visto más que a través de una pantalla de ordenador y durante unos segundos en un estudio de radio.

Al llegar la noche siguiente, Daniel seguía allí. Realmente la estaba esperando, deseando que se conectara para llevar a cabo aquello que había estado pensando durante toda la tarde. Nada más terminar con los saludos iniciales, llenos de referencias a la Nochebuena que acababan de vivir, él cantando villancicos y ella enfadada, Daniel tomó la palabra:

- Bueno, pues ahora me lo vas a contar todo; que aun no me puedo creer que haya aparecido una chica tan genial de esta forma.

Elena rió frente a la pantalla. Había dicho que ella era genial. Aceptó la propuesta, por supuesto; pero con una condición: que todas las preguntas que Dani le hiciera, tuviera que responderlas también él y, que de forma alternativa, ella también pudiera preguntarle a él todo lo que se le ocurriera.

Las dudas del chico eran de lo más inesperadas. Que cuál era su color preferido, o su comida predilecta, o cuál su película preferida. Las de Elena también iban por los mismos derroteros. Incluso empezaron un largo debate – aún inconcluso, según tengo entendido- , acerca de cuál película era mejor, si Enemigo a las Puertas, o Salvar al Soldado Ryan. Entre unas cosas y otras, la conversación fue tomando un cariz más especial. Elena, como siempre, se le adelantó y dio el primer paso al preguntarle al muchacho si tenía novia. Cuando él aseguró que no, el corazón de la chica, inesperadamente, dio un vuelco. Si bien era cierto que Daniel le gustaba, tampoco había tenido la intención, al hablar con él, de comenzar alguna relación más allá de la amistad. Sin embargo, saber que él no estaba comprometido con nadie, hacía que en su cabeza se diesen forma mil películas, sueños e ilusiones que con gran dificultad podía contener.

Todo aquello parecía preparado por el mejor guionista de Hollywood: las aficiones de ambos muchachos eran prácticamente las mismas; a Daniel le gustaba el arte, el cine, la literatura, y salir de viaje. A Elena le gustaba pintar y escribir. Eran complementarios hasta unos extremos insospechados. En la mente de ambos tomaba forma un escepticismo calculador, que les hacía dudar de la veracidad de todo este cuento de hadas. Cómo podía ser que Daniel fuese todo lo que Elena hubiera soñado. Cómo podía ser que Elena fuese la chica de los sueños de Daniel.

- No puede ser tan bueno, algo tiene que fallar.- Decía Dani a menudo.

La noche se les echó encima con demasiada rapidez. Aquel muchacho rubio tenía que dejar despejada la habitación de su hermano, desde donde había estado conectado. La muchacha, sin embargo, no le dejó marchar sin hacerle prometer que se verían pronto. Quedaron para el lunes siguiente.

- Life´s too short, ¿no?- Comentó Dani, haciendo alusión al nik del mesenger de la chica.

Elena, al meterse en la cama, se sentía como en una nube. Solo habían pasado una semana desde que empezó a chatear con su compañero de carrera, y aun así la confianza que tenía con él parecía ser la de dos viejos amigos que se conocen desde la infancia. Sentía que podía confiar en él para todo, y que, por primera vez en mucho tiempo, no quería mentirle ni disimular su forma de ser para caerle mejor o peor. Que podía ser ella misma sin temor a represalias.

El día siguiente fue recibido con regalos y cánticos. Era Navidad. Para Elena, el mejor regalo de todos ya lo había recibido. Era feliz. Lo primero que hizo, nada más conectarse a internet, fue enviarle un mensaje privado a Dani:

“Gracias por haber aparecido”, decía.

Dani, por su parte, celebró la noche de Navidad con sus amigos de siempre, pensando en aquella chica que tanto le inquietaba. De pronto, su amiga Cristina se le acercó para charlas con él.

- Bueno, ¿qué tal todo, Warto?- le preguntó, mirándole a los ojos. Dani decidió sincerarse con ella, ya que quizás una mujer podría darle una respuesta más acertada sobre lo que hacer con otra mujer. El chico ya no pretendía engañarse a sí mismo: Elena le gustaba, y soñaba con tener la oportunidad de llegar con ella a algo más que una simple amistad. Después de todo, era lo que siempre le había faltado en su vida y lo que siempre había deseado tener.

- Pues la verdad es que bien, pero estoy un poco liado, no sé qué hacer.- Contestó el muchacho.

- ¿Y eso? ¿Qué te pasa?

- Es que he conocido a una chica de mi universidad y… bueno, pues hemos estado hablando por el mesenger y …- Cristina rió mientras soltaba un gritito de incredulidad,- pues eso, que ella dice de quedar, pero yo no me puedo creer que seamos tan parecidos como parece y que todo vaya tan bien, seguro que tiene que haber algo malo por algún lado y tampoco quiero que me salga mal…

- ¿Y por qué iba a ser así? Pues si la chica te gusta y os lleváis bien, queda con ella, hombre, no puedes dejar pasar esta oportunidad, ¿no?

Dani sonrió. Así lo haría. Aunque, en el fondo, le diese miedo que todo saliera mal.

La mañana siguiente, al despertarse, el chico se encontró con una sorpresa al colocarse enfrente del ordenador. El nik de Elena empezó a parpadear casi en el mismo instante en que Dani encendió el mesenger.

- ¡Oyeeee! Que al final no puedo quedar el lunes, me voy con mis padres a Cuenca dos días, de mini-vacaciones de Navidad…

Dani tragó. Aquel era el momento de pedirle salir. Aquella misma tarde.
Venga, vamos, díselo… toma tú la iniciativa por una vez, Wart…

Elena se encogía poco a poco enfrente de la pantalla. Si Daniel no aprovechaba aquella ocasión para pedirle una cita, ella no movería un dedo. Aunque esos mismos dedos se movieran ahora nerviosos encima del teclado, deseando formar las palabras que a aquel chico parecían tan difíciles formar. El sonido del mesenger la tomó por sorpresa, y dio un respingo en su asiento.

- Pues… si quieres quedamos antes… el domingo yo no puedo, pero esta tarde sí, si quieres…

- ¡Vale!

Daniel se rió. “Life´s too short”, ¿no?

lunes, 26 de abril de 2010

4 meses juntos

Al final, no parece tanto tiempo...
"Mañana te seguiré queriendo"

sábado, 24 de abril de 2010

La Noche de los Libros 2010


"Para mi chiquitina; gracias por hacerme vivir mi primera noche de los libros, que se une a la larga lista de cosas que me has hecho descubrir, entre ellas, que la felicidad y el amor son posibles, ¡Te quiero! Dani".

Y yo a ti...

miércoles, 14 de abril de 2010

Para mi fokita

Como siempre te digo...no te "pekepreocupes". En primer lugar quiero agradecerte tus palabras y tu sinceridad. SIgnifica mucho para mi que compartas tus cosas intmias y personales, en especia tus preocupaciones, porque eso denota confianza y al mimo tiempo me permite poder aytudarte.

Yo tamien siento lo mismo que tu. EL futuro es como una carretera en la noche, alumbrada apenas unos metros por los faros del coche que se adentra en la más negra oscuridad. NO osbtante, te dire que no ahy k temer el futuro y la oscuridad, si no fijarse en las lineas k marca el camino que avanza a la luz de los faros. Es lo que siempre te digo, mañana te seguire queriendo ^^.
SObre el presente y lo de no poder darlo todo, yo tambien lo pienso. NO obstante creo k el momento de demostrar las cosas para nsotros aun no a llegado. Será cuando acabemos y debamos encontrar un trabajo. MIentras, no te preocupes, estamos aki para aprender y para ekivocarnos. Y para nada creo k seas una chica mediocre. Es mas, creo k eres una alumna estraordinaria y tienes un gran telento como escritora. Se que tendras un futuro brillante, pero no hay prisa . Poco a poko

Te kiero mucho mi niña...mas de lo k yo mismo soy capaz de aprecar. Te as combertido en la parte mas importante de mi vida, y no solo me haces feliz, sino que me combiertes en mejor persona. Eres la putna de lanza de mi particular coche y mi particular carretera. Por, esta claro que en los viajes nocturnos, se conduce mejor si en asiento de alado ahy una hermosa muchacha que te kiere.

Te amo mi niña...mi peke...mi fokita...mi vida

Peke se pone moñas

Ojalá pudiera hacer que tus ojos viesen aun más dentro de mi alma y leyesen todo lo que siento por ti. Que cada vez que terminas de besarme espero que vuelvas a juntar tus labios con los míos, que cada vez que te abrazo siento que no quiero volver a soltarte nunca, que cada vez que te vas quiero correr tras de ti y agarrarte para que no te escapes, como si fuera la última vez que pudiera abrazarte. Que todas las horas del día me resultan escasas cuando estoy contigo.

Sé que estás preocupado por aquella vez que te dije que estaba rallada. No quiero que pienses que dudo de lo nuestro. Lo único de lo que no me cabe duda en esta vida es de lo que siento por ti. Lo único que jamás me plantearía sería que quiero estar contigo. Porque siento calor dentro de mí cuando pienso en tus ojos, siento que mis manos necesitan acariciar tu rostro una vez más. Lo único de lo que tengo miedo es de mi misma. Nunca he tenido suerte en mis relaciones, y temo que esta vez no sea distinto. Antes me importaba bien poco lo que pudiera pasar. Pero ahora… ahora es casi doloroso pensar que mi comportamiento o mi forma de resolver las cosas hagan que te separes de mí. Temo, porque no quiero separarme de ti, y eso es algo que no he vivido nunca. Jamás había sentido de tal forma el miedo a perder algo. A perder este sentimiento, estos momentos, esta felicidad que me das. Temo no ser capaz de ser una buena pareja. Porque nunca lo he sido. Lo que más deseo en estos momentos es hacerte feliz, en poder ayudarte cuando lo necesites. Pero hay veces que me siento incapaz de darte toda la felicidad que te mereces. Tengo miedo de perderte.

También tengo dudas acerca de mi futuro, y de mi forma de ver el futuro. Quiero hacer tantas cosas que me saturo y no hago nada. Quiero mejorar mi pintura, avanzar en japonés, sacar buenas notas en la carrera, y trabajar. Pero me siento impotente, no sé cómo llegar a aquello que deseo, no sé siquiera lo que deseo. No me siento segura de nada, excepto de mis sentimientos. Todo lo demás lo veo nubloso, oscuro y lejano. Incluso en la Universidad me da la sensación de no estar dando todo lo que podría dar. Quiero ser capaz de dar lo mejor de mí misma, pero, incluso en nuestra relación, siento que algo me impide sacar todo lo que tengo dentro y mejorar.

Por eso me rallo. Porque quiero ser mejor pero no lo consigo. Porque me veo como una mujer mediocre incapaz de aprovechar sus capacidades.

No debes preocuparte. Son asuntos que de vez en cuando me preocupan y me hacen dudar de todo. Pero también, otros días, como hoy, siento que no hay nada de lo que preocuparse, que tengo todo lo que se podría tener en la vida, alguien que me quiere y a quien quiero, una ocupación, amigos, una familia que me quiere y todo lo que pudiera desear.

Aunque lo que más desearía sería no tener que despedirme de ti al terminar el día.

No he releído lo que he escrito ni lo pienso leer. Las palabras han salido tal cual las iba pensando, y quiero ser sincera contigo, lo necesito, porque tu lo eres conmigo.

Y por dios, no te pongas celoso de Pablo. Sabes que al único al que quiero es a ti. A mi dire.

sábado, 10 de abril de 2010

NO TODO IBAN A SER BUENO RECUERDOS

La de ayer no pasará a la historia como la mejor noche de nuestra relación. Un conjunto de factores previstos y no previstos se las arreglaron para arruinar lo que, por otro lado, ya era un mal plan. No obstante, no puedo evitar sentirme culpable por haber involucrado a Elena en él. Culpable no es la palabra...seria mas bien triste, decepcionado. Anoche ya tenia un mal palpito y este se ha confirmado al volver a hablar esta mañana. Me parte el corazon ver a mi peke triste o enfadada...y mas cuando la causa es algo relacionado conmigo. Por eso quiero dejar estas palabras, para expresar mis sentimientos. Ella sabe cuanto la quiero y como sus emocienos y sentimientos pueden afectarme. Solo quiero decir una vez más lo enamorado que estoy de ella, la chica mas maravillosa del mundo. Creo que esta experiencia, aunque haya sido mala, es útil, puesto que en una relación como la nuestra hay cabida para toda la felicidad del mundo, pero tb es normal que aparezcan momentos tristes y malos. Eso nos tiene k servir para el futuro.

"Siento lo anoche peke, espero que no te dure mucho el cabreo. Sabes que te kiero y que te compensaré la de anoche por otra velada completamente distinta."




"El oso tonto intenta consolar torpemente a la fokita triste"

domingo, 4 de abril de 2010

Día 4: La familia

Rápido. Hoy todo ha sido muy rápido. Ni siquiera me ha dado tiempo a echarte de menos. Por la mañana mis padres decidieron ir a pasear al Pardo, y alli fuimos. Fue divertido estar con la familia, como cuando era pequeña, paseando por aquel lugar. Mi padre dijo que así, tal cual está ese parque, es como estaba Madrid hace cientos de años, en el Siglo de Oro. También se podía ver el Palacio de la Zarzuela a lo lejos. Vimos huellas de jabalí y de caballo, y muchas florecillas pequeñitas, violetas y amarillas, que crecían en el suelo. Después de eso fuímos a comprar víberes, y de nuevo a casa. Me compré la película Promesas del Este, que aun no he visto porque me quedé dormida en el sillón antes siquiera de meter el disco en el DVD.

Tu llamada me despertó. Fue bonito escuchar tu voz, aunque estés lejos. Me dijiste que fuera a la fiesta de Raúl. El problema fue que, al final, no hubo fiesta. De todas formas, me habría dado pena ir sin ti. Te habría echado de menos. Lo cierto es que al oirte me entraron muchas ganas de estar alli contigo. Para abrazarte, besarte, acariciarte... todo eso de lo que tengo ganas ahora a pesar de no tenerte cerca. Me dijiste que el lunes pasaríamos todo el día juntos. Espero que sea verdad, porque tenemos muchas cosas que hacer. Tenemos que abrazarnos hasta hartarnos el uno del otro, besarnos hasta que se nos quede la boca seca, mirarnos a los ojos hasta poder recordar una a una todas las líneas que los unen. Son muchas las cosas que tenemos que hacer.















Después de eso no hay mucho que comentar. Me bañé, jugué un rato con mis padres y mi hermano, y cenamos. Luego estuve metida en el ordenador hasta las 2 y media de la madrugada. Navas había tenido problemas con su novio y , como no, también tenía muchas dudas de sexo. La verdad es que debería sacarme el título de sexóloga, porque ya van más de 3 y 4 veces las que me toca hacer de consejera sexual con mis amigos. Que si está bien hacer esto o aquello, o cómo se hace lo de más allá. Debe ser que lo explico bien, sino, no entiendo a qué viene este chorreo de preguntas. Me da un poco de miedo que la gente sepa tan poco del tema, o saber yo tanto. Pero hay cosas que son obvias, y aun así... bueno, dejemoslo. Aparte de Navas, también me habló un antiguo amigo mío, con el que hacía tiempo que no charlaba. Siguió la linea habitual de mis últimas conversaciones online, en las que todos mis amigos me comentan cosas que me dejan la cabeza rallada y llena de dudas. En este caso, el chico afirmó rotundamente que yo no me merecía nada, y mucho menos ser amada, ya que yo no soy capaz de sentir amor, porque estoy por encima del amor. Exactamente dijo que estaba por encima del amor porque estaba por encima de la esclavitud. Podrás pensar que , con amigos como los míos, quién necesita enemigos. Pero lo peor es que me lo decía como un piropo. Así se me pasó la noche, escuchando las penas y dudas de mi mejor amiga, y los pensamientos tan filosóficos y transgresores de otro colega. Y mientras, echando de menos tenerte alli para hablar también contigo, y contarte todo esto.

Ya solo quedan dos días para que vuelvas. Jamás pensé que 6 días se me llegarían a hacer tan pesados. Debe ser que me has marcado más de lo que yo misma admito. De todas formas, me gusta escribirte todos los días. Es una buena costumbre que debería haber recuperado antes. Hace tiempo escribía todos los días, relatos, poesías, lo primero que se me pesaba por la cabeza. Y lo dejé. Como digo, ya era hora de recuperarlo.

Te quiero muchísimo. Por muy por encima que estemos del amor, te quiero.

sábado, 3 de abril de 2010

Día 3: Furia de Titanes

Hoy sí. Hoy puedo decir con mayúsculas que te he echado mucho de menos. Es diferente que recordarte. Cuando me acuerdo de ti, sonrío, pensando en cómo sería todo si estuvieras en ese momento a mi lado, o en la cara que pondrás cuando te lo cuente. Echarte de menos es muy distinto. Es sentir un nudo en el estómago y una quemazón en la garganta mientras observas cómo otras parejas se besan en el cine. Es sentir tus manos sujetando las mías a pesar de que estén a cientos de kilómetros de aqui. Es desear con todas tus fuerzas que aparezcas por sorpresa alli donde yo me encuentro, para decirme que todo va a ir bien mientras me besas. Hoy te he echado mucho de menos.

El día en si no ha tenído nada de particular; pero algo, no sé el qué, me hacía dar vueltas por la casa sin saber qué estaba buscando. Algo me hacía pensar y revivir momentos pasados, la mayoría malos. Algo me hacía recordar sucesos que jamás quisiera volver a recordar, mientras sentía que tenía que hacer algo, no sé el qué. No te asustes. Debe ser el aburrimiento. Un aburrimiento nervioso, ya que, a pesar de tener mil cosas que hacer, no haces ninguna y matas el tiempo enfrente del ordenador, pensando. Y ya se sabe que pensar demasiado nunca fue bueno.

Hacia el final de la tarde salí de camino a la casa de Navas, para recogerla a ella (y a su, ahora, inseparable novio) e ir al cine. Habíamos discutido largo y tendido acerca de la película que queríamos ver. Yo tenía muchas ganas de ver El Libro de Eli, porque ya sabes que las películas distópicas son mi vicio; sin embargo, Navas solo me daba a elegir entre Cómo Entrenar a Tu Dragón o Furia de Titanes. Ni siquiera quiso considerar mi segunda opción, El Mal Ajeno. El caso fue que, al final, acabé cediendo y elegimos Furia de Titanes. La película tenía pinta de ser muy mala, y no nos decepcionó. Reamente lo fácil sería criticarla, así que todavía intento recordar algún detalle positivo. Hasta ahora solo he llegado a la conclusión de que se saltaban poco el eje, y no había grandes fallos destacables de raccord. Y bueno, defiende la superioridad del hombre frente a los dioses (qué raro que la Iglesia no se haya quejado). Así que algo bueno tiene tragarse casi tres horas de indigesto cine americano... ¿no? Aparte de las palomitas, quiero decir; palomitas que, por otra parte, me han dejado el estómago revuelto. Creo que no me han sentado bien. En fin. Prefiero mil veces ir al cine contigo, al menos me llevas a ver películas que yo también quiero ver. Para colmo, se me olvidó sacar mi bono por entrada gratis y acabé pagando.


No he tenido un buen día. No solo por la película, sino también por la compañía. Navas y Rodil no dejaban de hacerse carantoñas, a cada cual, y según pasaba el tiempo, más descaradas; y yo no hacía más que acordarme de ti. Incluso pensaba en qué habrías respondido ante determinadas frases o gestos. Podía oir tu famoso "madrecita" en mi cabeza. Para colmo, empezaron a hablar de mi ex. Para qué dar más detalles. Como remate, al meterme en la cama, tuve pesadillas. Le empecé a gritar a alguien, que no consigo recordar, que me dejase en paz y confiase en mi. Mi hermano dice que utilicé palabras como "hostias" y "cojones".

Ahora que releo todo lo que he escrito, me doy cuenta de que soy una quejica. No ha sido un día tan malo como lo pinto. Ha hecho una buena tarde, me he sentido muy guapa al ponerme mi camisa nueva, y he jugado con mis padres al golf en el jardín. De una forma un tanto particular, eso sí. Y también he podido hablar contigo sin sentirme observada. Te he escuchado lejano y aburrido. Se me ha olvidado pedirte una foto tuya y del mar. No sé por qué, solo me hacía ilusión tenerla.


Te echo de menos, director. No soy la única. Rodil mencionó varias veces que era una pena que no hubieras podido venir, porque eras muy gracioso. Solo que él no echa tanto de menos las mismas cosas que yo. O eso espero.

viernes, 2 de abril de 2010

Día 2: Salir, beber, el rollo de siempre

Hoy ha sido, también, como todos los días, extraño. Ha sido un día normal, sin ti. He desayunado (torrijas, como manda la tradición), he empezado a estudiar el trabajo de Industrias, me he metido en internet y, sin querer, mis ojos han mirado tu estado del mesenger. Sé que no ibas a estar, pero aun así me he sentido decepcionada. El resto del día fue tranquilo. Vi mi telenovela favorita, hice los deberes de japonés, me duché, me arreglé, me vestí y salí.



Había quedado con Lyrisse en la plaza del pueblo, sin darme cuenta de que era Jueves Santo y en Paracuellos estaban de procesión. Al principio, al aparcar el coche (que ya me han devuelto, y con él, mi libertad de movimientos) me sorprendió que hubiera tan poca gente en la calle. Incluso pensé que no habría tanta crisis cuando la gente se iba de vacaciones toda la semana santa. Luego llegué a la plaza y vi a todo el maldito pueblo esperando a que sacasen el Cristo (de la Salud, creo que es) de la iglesia. Por suerte, encontré rápidamente a Lyrisse, que tampoco se había dado cuenta de las fechas en las que estábamos. Un fallo que dio al traste con nuestros planes de ir al Mesón y pedir copas de vino con las que, gratuitamente, te dan tostas. En lugar de eso acabamos, como siempre, en el restaurante chino del pueblo, cenando el sempiterno arroz tres delicias y el pollo con almendras. Durante la cena arreglamos el mundo, y lo organizamos a nuestra manera. Sobre todo en lo referido a las relaciones personales. Ella tiene una visión muy particular del asunto; una vision que , durante mucho tiempo, también fue la mía. Decía que los jóvenes, a los veinte años, como nosotras, no deberían anclarse en una relación a largo plazo porque, si algo salía mal y acababas a los veintisiete descompuesta y sin novio, habrías malgastado toda tu juventud en una relación que no te habría aportado nada. En cierto modo le di la razón, pero no en todo. Le expliqué que, para mi, una relación jamás debería basarse en el tiempo. Que lo que tú me dices siempre mañana te seguiré queriendo. Que no importa nada más que el momento presente y el mañana que tengamos enfrente. Y que, para estar con alguien así, lo primero que debías considerar es si esa persona te va a aportar algo. Le conté lo que tu me aportas a mi; no solo el cariño y el amor que me das, sino la curiosidad por conocer cosas nuevas, las ganas de viajar y conocer el mundo entero, la ambición de ser algo mucho mejor en el futuro. Las ganas de hacer cosas. Las ganas de vivir. Qué más da no ligar con otros chicos o cosas por el estilo en comparación con eso. Ella me contó muchas historias de amigos, y no tan amigos, que tenían relaciones por comodidad, en las que ambos "ponían los cuernos" a su pareja, pero no lo dejaban. Eso no me parece bien. Yo preferiría que tú tuvieras la libertad de estar con una chica si tienes ganas de hacerlo y piensas que te vas a perder algo por no hacer eso, que en ese momento deseas, al engaño de estar con alguien solo por comodidad. Quizá me estoy liando, tecleando palabras sin sentido.
Después de cenar, estuvimos bebiendo botellines y vino blanco en un bar "típico Paracuellense", con gente pegando gritos y la televisión a todo volumen. Entonces te llamé, aunque me hubiera gustado mucho hablar contigo más tiempo. Casi me emocionó el escuchar tu voz. Parece que no, pero se te echa mucho de menos.

Cuando llegué a casa, por fin, de madrugada, la melodía de una canción que seguramente a ti no te gustaría resonó en mi cabeza.

Salir, beber, el rollo de siempre, llegar a la cama y joder qué guarrada sin ti.

Hoy ha sido un día como podría haber sido otro antes de conocerte, de tener alguien a quien llamar novio, de saber lo que significa amar. Hoy ha sido un día de soltera sin sexo y sin artistas bohemios. Y joder, qué guarrada sin ti.

Te echo de menos.

jueves, 1 de abril de 2010

Día 1: Mirando al mar

Esta mañana me he levantado (oh, bella chao, bella chao, bella chao chao chao) y he descubierto un mensaje privado del tuenti en mi página de inicio. Eras tú despidiéndote y dejándome como regalo una vieja canción de Jorge Sepúlveda. Decías que era la más apropiada para la situación. Ahora, mientras tecleo estas palabras, la escucho, y todas las demás de este cantante que tanto ha conseguido emocionarme.



Te fuiste al mediodía, hacia los Castellones, como tú los llamas. A las cínco de la tarde me díste un toque para que supiera que habías llegado bien. En aquel momento no lo escuché. Había quedado con una vieja amiga de parbulitos, a la que hacía más de un año que no veía. Se llama Elena, como yo, y de pequeña ambas firmábamos como Elena R. para confundir a la profesora. Cuando nos vimos, fue divertido ver cómo nos afectaba a cada una la alergia: ella llevaba gafas de sol porque le lloraban los ojos, y yo iba amarrada a un clinex que no paraba de llevarme a la nariz. Nos pasamos la tarde haciendo las típicas "cosas de chicas": ver tiendas de ropa, comprar ropa (yo no, ella), libros y películas en la Fnac (aunque tampoco encontré Mi vida sin mi) y bisutería: un anillo de plata con una rosa engarzada y una gargantilla de tela negra. También le enseñé la tienda de peluches "Así"; casi nos da un ataque de locura al ver tantas y tantas caritas afelpaditas que nos pedían que les llevaramos con nosotras. Yo estuve a punto de comprarme un pequeño osito blanco, que me recordaba a ti. Ella no paraba de mirar a una lechuza blanca que nos oteaba desde lo alto. Pero resistimos. Nos tomamos un café en el Starbucks y no paramos de hablar de todo, la universidad, el cine, los chicos (sí, tú)... resulta que ella también anda haciendo cortos, así que hemos decidido colaborar mutuamente en uno. Después cenamos en el Wok de Plaza España. A ambas aquel lugar nos trajo muchos recuerdos, y nos pusimos un poco ñoñas. Sobre todo cuando me llamaste, por la noche, para contarme las novedades del día.
Fue un buen día. Hacía buen tiempo, poca gente, y muchas ganas de pasar un buen rato.
No te eché de menos, aunque te recordé muchísimo. Es extraño cómo asociamos un lugar a una persona, o a una situación. Cómo recordamos frases, palabras, según avanzamos por esas calles en las que tanto hemos vivido. Y de fondo, cómo podemos escuchar e imaginar a una persona a cientos de kilómetros...

Mirando al mar soñé que estabas junto a mi, mirando al mar yo no sé que sentí, que acordándome de ti, lloré...



Espero que lo estés pasando bien por allí, aunque te pases el día leyendo y mirando el mar.
En realidad, he mentido. Echo mucho de menos verte en el mesenger cuando vuelvo de noche a casa. Echo de menos tus besos, tus abrazos, tus caricias. Echo de menos ver tus ojos azules. Pero solo ha pasado un día. Y me lo he pasado muy bien.

lunes, 29 de marzo de 2010

Lisboa

Cuando pasen los días, las semanas, los meses, los años. Cuando el pasado se convierta, segundo a segundo, en sombras. Cuando la juventud se haya esfumado y no quepan más que facturas y humo en nuestras almas de esclavos. Cuando ya no sepamos qué es lo importante. Entonces, te recordaré. Veré la luz de la Alfama reflejarse en tu cabello. Volveré a sentir el calor del vino verde en el paladar. Lloraré de nuevo abrazada a tu pecho. Acariciaré tu pie con el mío mientras duermes. Sonreiré al notar tus brazos rodeándome en lo alto de Chiado. Reiré sin parar en Belen, a tu lado. Te besaré a los pies de la ciudad del fado. Seré feliz, como lo soy ahora, que aun de mi piel no se ha esfumado el olor de la tuya. Ahora que empiezo a asimilar que, en ocasiones, la realidad supera con creces a la ficción. Porque lo mejor de vivir como en una película, es tener un buen director frente a las cámaras.
Felices tres meses, dire.¿Te puedes creer que ya estoy deseando volver a verte?

Peke.

domingo, 7 de marzo de 2010

Daybreakers


- Entonces... ¿qué es arte?
- Tus ojos

sábado, 27 de febrero de 2010

Capítulo 1: Tuenti-amigos

Además del frío, el cansancio y el hambre habían hecho mella en Inés, quien no paraba de increpar a Ángela para pasar por la cafetería a tomar un café. Desde hacía un tiempo, Inés se había hecho adicta al café de la universidad, y no pasaba una tarde sin que se tomase un vaso, sentada con su mejor amiga en cualquier rincón. Mientras sus dedos se calentaban con el agradable vapor de la bebida, Ángela iba comentando y ordenando las grabaciones del estudio de radio. Aquella tarde había sido especialmente buena: no habían necesitado demasiadas tomas para grabar la editorial del magazine de radio, y la música de fondo, toda de Muse, había quedado perfecta con el texto. También estaba lo de aquel muchacho rubio, cuya aparición parecía haber motivado a Inés. Estaba sonriente, ilusionada y con ganas de todo.

- Mira, Chala y éstos de nuevo.

Dijo Ángela, señalando con la cabeza a un grupo de jóvenes que comenzaba a sentarse en una mesa cercana. Los ojos de Inés brillaron. El chico rubio e
staba allí. Se había quitado el abrigo y lucía una sudadera negra y unos pantalones vaqueros muy amplios. A Inés siempre le habían fascinado las sudaderas. Si seguía así, se enamoraría a primera vista de aquel desconocido.

- Ángela, ¿Por qué no nos sentamos con ellos?
- No, tia, no tengo ganas…


Inés hizo una mueca de disgusto. Siempre igual.


- ¿Qué os apetece tomar?

Diego recogió su Sprite del mostrador, las patatas fritas de Chala y el dinero que había sobrado. Al darse la vuelta, observó, de nuevo, a aquellas dos chicas que había conocido esa misma mañana en el estudio.
- Ey, Chala, tus amigas están ahí. Chala asintió y se sentó, como si nada. Mientras tanto, en la mente de Diego volvieron a agolparse las dudas.

Debería acercarme a ellas… después de todo, conocen a Chala. Podríamos sentarnos con ellas. Claro que, si se lo digo, Chala va a pensar que soy un salido o que me gustan o algo. Que no es que me gusten, pero tampoco están mal. Quiero decir, que no hay nada de malo en acercarse y decir “hola”, estamos en la Universidad, para hacer amigos y todo eso…

Su monólogo interior se vio interrumpido por una inconveniente aparición. Un chico se había acercado a ellas, y no parecía tener ganas de despegarse de las chicas. Chala seguía hablando de la última película que había visto, ajeno a todo aquello.


No, vete, si sigues aquí no se van a acercar… aunque seguramente no se acerquen de todas maneras, pero da igual, si Ángela habla con su amigo, yo también quiero hablar con el chico rubio…

Un viejo amigo del colegio de Ángela las había encontrado en la cafetería y no dejaba de darle a la hebra con su compañera, mientras Inés se dedicaba a mirar de reojo a la mesa de Chala y los demás. En más de una ocasión sus ojos se juntaron con los del muchacho rubio, tan azules, pero de nuevo le faltó fuerzas para saludarle.

La tarde siguió, Chala y Diego se fueron de la cafetería, al igual que Ángela e Inés. Durante más de un mes, Inés cotilleó esporádicamente la lista de amigos del tuenti del tal Chala, al igual que hizo Diego, ambos a ciegas. Ninguno sabía el nombre del otro. Ni Inés encontró ninguna foto de un chico rubio con ojos azules, ni Diego supo discernir entre cuál de todas esas morenas podía estar la chica del estudio de radio. Pero no fue tiempo perdido. Él aun no lo sabía, pero durante ese tiempo realizó el medio que les uniría, un documental llamado Estrella Fugaz, que Chala colgó en el youtube el mismo día en que Inés navegaba, sin nada que hacer, por Internet. Pronto descubrió el nuevo corto en el espacio del facebook de Chala. Era el último día antes de las vacaciones de Navidad.

Diego se sentía muy orgulloso de su obra. Habían sudado mucho para poder realizar aquel proyecto, su proyecto, su idea. Se sentía emocionado por el hecho de haber realizado su primera idea propia en la Universidad, y que hubiera resultado tan buena. Ya la había añadido al tablón de su tuenti.
Después, volvió a la página de inicio de la página, donde le esperaba un sugerente enlace:
“Tienes una petición de amistad”.


Ángela llevó su café a la mesa donde le esperaba Inés, con la mirada encendida y una gran sonrisa en la cara. No pasó ni un segundo desde que su amiga se sentó hasta que Inés comenzase a contar sus particulares novedades.

- Tia, ¿te acuerdas del chico rubio que nos encontramos ayer en la cafetería?- La dijo.
- Como para no…- Respondió Ángela.
- Pues he hecho otra de mis locuras…

Diego leyó, entre sorprendido y agradado, el mensaje que, increíblemente, había aparecido en su bandeja de entrada. Todavía no sabía qué pensar, pero las emociones se le agolpaban. Rápidamente, sus dedos comenzaron a teclear la respuesta, después de aceptar la petición de amistad de aquella muchacha, cuyo nombre, por fin, era Elena. Aunque él, al verla, había pensado que le quedaba bien el nombre de Inés.

Eich qué pasa...me alegro de que te haya gustado nuestro documental...lo cierto es que pensábamos que íbamos a hacer el ridículo pero bueno... al final todo ha ido sobre ruedas.
Por cierto...para matizar diré que no soy yo el que hace los cortos con Chala sino que es Chala el que los hace conmigo (yo soy el que mueve los hilos en las sombras).

Bueno...me gustaría ver alguna cosa de
las que halláis hecho en la carrera y que tal os va y eso (a los de 4º nos hace sentir mayores e importantes).
Un saludo y gracias.


Elena releyó el mensaje, con una gran sonrisa en los labios. Hacía poco que había descubierto el nombre del chico rubio del estudio de radio, al ver el documental que Chala había colgado. Daniel Álvarez, director, rezaba. Aunque ella pensó que tenía cara de Diego. Sus dedos no tardaron en redactar la respuesta, aunque con precaución, ya que no quería parecer pesada o desesperada. Tampoco quería que se le notase la emoción que sentía mientras tecleaba en su portátil la respuesta.

Entendido, ¡director! XD Ya lo noté un poco cuando vi en los títulos de crédito que salías como director en lo de Metacorto y el documental, pero no quería faltar a Chala.
En la uni solo llevamos hecho un corto, y no vas a poder verlo
porque nuestra profesora (una tal Concha, muy delgada, prepotente, borde, no sé si te habrá dado clase) no nos devolvió el material y no pudimos montarlo; pero el argumento era exactamente el mismo que vuestro Metacorto, pero montado de distinta manera, con efectos especiales (cutres, del tipo "quédate quieto, ahora sal de la imagen, volvamos a rodar, ooohh, has desaparecido!").
En nuestro grupo nos va la ciencia ficción (bueno, ejem, a mi, ejem) y eso se nota.
Por mi cuenta tengo otro corto, de animación con plastilinas, pero no lo he subido al youtube ni nada, si te apetece un día te lo paso, pero no merece la pena, de verdad. Y guiones escritos, muchos, pero ganas por parte del personal para rodarlos, pocas.
Así que ya estáis en cuarto, eeh? Cómo se lleva eso de acabar la carrera en nadita? os hacen la vida imposible o algo por el estilo? nosotros vivimos felices cual perdices pensando en el viaje de ecuador.
Y,si, hablo mucho.

Si has llegado a leer hasta aqui es que eres muy cortes y comprendes lo mucho que nos aburrimos en clase de Tecnologías Multimedia.
¡Saludos y gracias!


Daniel terminó de leer el largo mensaje con la sonrisa aun pintada en el rostro. Aquella chica era muy simpática y, por lo que había podido cotillear en las fotos del tuenti (se había recorrido todas las páginas de fotografías que había), mucho más guapa de lo que había podido apreciar aquel famoso día, en el estudio de radio. Tenía algo en los ojos, un brillo, que le gustaba. No tardó en responder.

Aburrirse en clase de tecnologías...con el flash?!!! imposible ^^. Sí...sí que he tenido a Concha...era maja...aunque como profesora es mejorable.
Lo que me cuentas de vuestro corto de la uni es igual que mi idea original para Metacorto...pero resulta que Miki ( si...el famoso Miki Ross) tenía unos colegas que ya lo había rodado igual unos años antes...lo que me lleva a la conclusión de que deben existir cientos de cortos iguales en todo el mundo XD. Me gustaría ver tu corto de animación...me mola ver los trabajos de la gente...y más si no son de mi curso. (Con mis compañeros soy extremadamente competitivo y no los disfruto). 4º...es...bueno...igual que todo, pero ahora empezamos a pensar más en qué hacer después de la carrera que en la carrera en si...es el pan nuestro de cada día ir llorándoles a unos y a otros sobre nuestro negro futuro.
Tienes suerte porque la 2º mitad de 3º es lo mejor de la carrera hasta el momento. No solo por el viaje de ecuador ( a donde vais? nosotros fuimos de crucero y fue cojonudo), si no por las asignaturas, que en el 2º cuatrimestre son todas interesantes ( espero que hayas cogido industrias culturales...la mejor de la carrera sin duda).

Así que eso...disfruta en lo sucesivo de tecnologías multimedia....asignatura útil donde las haya ^^.


A Elena le faltaba dar saltos de alegría por la habitación. Incluso su madre le había preguntado si le pasaba algo. Lo único que echaba de menos era tener a Ángela en el Messenger para comentarle todo, y que la aconsejara, pero ya tendría tiempo de contárselo al día siguiente, en la cafetería. Mientras tanto, fue redactando la respuesta. Había llegado el momento de pedirle el Messenger, pero le parecía demasiado cantoso darle el suyo directamente. Las teclas sonaban, rápida, al compás que marcaban sus dedos.

Mmm...flash? me temo que nosotros en clase de tecnologías multimedia lo único que hacemos es escuchar al profesor y visitar los blogs que él nos manda, naada más XD pero no es de las peores, nuestro profe (José Cervera, le habéis tenido?) parece saber mucho y vive mucho las clases, así que es relativamente entretenido.
Creo que la idea de Metacorto y de "Al final no" (así se llamaba el nuestro) es popular porque es lo que siempre ocurre cuando quieres hacer un corto en grupo y no hay consenso, que acabas haciendo un reboltijo majo XD.
Si quieres ver mi corto de animación, yo te lo paso (solo que no te lo puedo pasar como archivo, te tendría que dar el DVD en el que lo tengo grabado, porque no lo tengo metido en el ordenador), pero ya te digo que es despreciable. Intente emular a Hayao Miyazaqui (El Viaje de Chihiro, no sé si te suena) y me acabó saliendo una cosa un poco rara con fallos de audio y de montaje a mansalva porque mi antiguo ordenador no me aceptaba el progama de montaje que tenía (decía que tenía virus ¬¬) y lo tuve que montar a mano, con un video y cachito a cachito. Pero vamos, que gracias por tu interés XD Si mañana estáis por la cafetería te lo paso ^^.
A nosotros ya nos están metiendo caña con eso de que busquemos curro... pero parece un poco chungo teniendo en cuenta que te piden prácticas y para tener prácticas necesitas el 50% de los créditos ¬¬.
Y si, he cogido industrias culturales, he sido de las pocas que la ha elegido, dícen que tendremos a un profesor que es calvo, no me acuerdo de cómo se llama, pero suena interesante (lo del profe calvo no, el programa de la asignatura). Aunque este cuatrimestre no hemos tenido mucha suerte con las optativas, me cogí Técnicas de Expresión Oral (la has tenido?) y resulto ser un timo XD.
De viaje de ecuador nos vamos a Túnez, pensamos en ir de crucero pero el precio era poco asequible, así que acabamos decidiéndonos por la opción cutre y barata. Pero al menos es un viaje XD.

Y ya te he vuelto a escribir la biblia en verso, lo siento XD es que en cuanto me dejan acabo soltando un discurso.

Saludos!

P.D: He visto el de la Creación que tienes en el tablón y mola mazo, cómo has hecho para aparecer doblado en la imagen? seguro que es algo muy sencillo pero esas cosas se me dan fatal.

P.D 2: si quieres hablar más te doy mi msn, que te voy a petar la bandeja del tuenti XD.


Daniel escribió rápidamente la respuesta. Sus dedos iban tan rápido que bastantes palabras se le quedaron mal escritas. En ese momento vio el cartel del chat del msn, en el que el nombre de Elena Rosillo brillaba entre los contactos conectados.

MMM k raro k no deis flash...como ha cambiado la universidad desde mis tiempos...por cierto… cómo es que mañana tenéis clase? nosotros llevamos sin ir desde el viernes pasado.

Tienes razón con lo de Metacorto...pero cuando se me ocurrió pensaba que era la hostia de original (iluso de mí).

Lo de emular a Miyazaqui es un tanto presuntuoso pero está bien. Te diré que soy de los que no les gustan sus pelis por si quieres insultarme y esas cosas que soléis hacer sus acólitos.
Lo de las practicas de la uni ni te molestes...no hay nada. Hay k buscarse la vida fuera. Nosotros estuvimos en Túnez un día con el crucero y no guardo un recuerdo precisamente grato de aquello...pero bueno...en el fondo lo importante es estar con la gente de clase y hacer muchas fotos. Industrias culturales la da ( ola daba) Pablo Sánchez....el que hace de periodista en el documental...que es el mejor profesor de la carrera...pero no sé si lo habrán cambiado. De ser así lo siento por vosotros ^^
Técnicas de expresión oral???????!!!!!!!!!!!!!
Jejeje mi correo es (... )pero como estudio CAV me paso la vida tanto en el msn como aquí en el tuenti (si...para empezar a superar un problema lo primero es saber reconocerlo).

Elena escuchó, con un vuelco de su corazón, el sonido del chat del tuenti.

Daniel Álvarez dice “eich”.


domingo, 14 de febrero de 2010

Feliz San Valentin

Introducción

Hacía frío. Los charcos en la calle hacían presente el fin del otoño y el comienzo de un invierno que se vaticinaba frío. Noviembre llegaba a su fin. Inés aparcaba con dificultad en un pequeño hueco cercano a la biblioteca de su universidad. Se le hacía tarde. Había quedado con su grupo de estudio a las 12 de la mañana y ya pasaba casi media hora. Tenía hambre. Pero estaba contenta.

Al bajar del coche, el frío se hizo aun más presente, y caminó con decisión hacia el insípido edificio donde había quedado con sus amigos. Mientras andaba, notó una mirada en su nuca. Una presencia al lado suyo. La típica sensación que no se puede explicar por qué se siente, pero existe. Giró levemente la cabeza. Una persona se dirigía en su misma dirección, también con rapidez. Inés aceleró el paso, como si de una carrera para alcanzar el pomo de la puerta se tratase. Poco a poco, sus pasos se hicieron paralelos a los de aquella persona. No se había parado a mirarla, no sabía si era un hombre o una mujer, si era alto o bajo. Lo único que veía Inés de aquel personaje eran sus zapatos. Unas botas robustas y marrones, medio tapadas por unos pantalones vaqueros. Las botas y ella se encontraron en el mismo momento en el que quiso abrir la puerta que la llevaría al estudio de radio donde la esperaba su grupo de grabación. Su mano se adelantó hacia el pomo, junto con las de la persona calzada con botas. Se tocaron y se separaron en un instante que no duró más de un segundo. Entonces, Inés levantó por primera vez la mirada del suelo.

Los charcos en el suelo le recordaban su mala educación. En todas las películas llueve cuando hay que enterrar a alguien. A alguien a quien él apenas había conocido, pero lo suficiente como para acudir a sus sepelios. Unos responsos a los que él se había negado a ir; una decisión que seguía discutiendo a medida que salía del metro y se dirigía, con velocidad y decisión, al edificio de gestión. Se sentía mal, “mosqueado”, como se suele decir. Sin embargo, la alternativa a esa negra ocasión era mucho mejor que ver a un grupo de gente llorando; debía acudir al estudio de radio para – paradójicamente- pedir un equipo de grabación con el que sus amigos y él terminarían de rodar unas imágenes. Sus pensamientos le abarcaban por completo. Sin embargo, una mancha verde le despistó. Una mancha verde que resultó ser un abrigo. Un abrigo que tapaba a una chica que se dirigía, también con igual velocidad, a la puerta del estudio de radio. Diego esperó que la chica cambiase de dirección, pero en vez de eso, el abrigo verde empezó a caminar paralelo a él. Diego empezó a sentirse violento. Estaban caminando muy juntos. Cuando se pararon, ambos intentaron alcanzar la puerta con sus manos. Diego se sentía incómodo. Pero giró la cabeza para ver, más por cortesía que por curiosidad, a su competidora. Entonces, la chica del abrigo verde se le quedó mirando. Diego no lo tuvo en cuenta, y aprovechó la ocasión para abrir la puerta del estudio y, con un ademán, dejar entrar a aquella muchacha.

El chico era rubio. Con el pelo largo. Unas gafas tapaban unos increíbles ojos azules. Una barba bien recortada le recorría la línea de la mandíbula. Era alto. Muy alto. En el cerebro de Inés tuvo lugar una especie de cataclismo. De pronto, unas frases estúpidas escritas en su diario hace un par de meses empezaron a repicar, como una campana, en su mente. Esas frases, unidas a otras de mayor coherencia, cuando el chico de botas marrones le abrió la puerta.

Dale las gracias, no seas maleducada.

Su cara se tornó roja, y entró por el quicio de la puerta sin mencionar palabra. Unas escaleras la esperaban. Detrás de ella, el chico seguía su mismo camino.

Dile algo, dile “hola”.

Su cara se puso aun más roja.

Diego la seguía, más incómodo que antes.

Al menos podría haberme dado las gracias.

Su mirada se poso en la nuca de la muchacha. Además del abrigo, una horterísima bufanda rosa la cubría. Debía de ser muy friolera para llevar tanta ropa encima. De pronto, la cabeza se giró en su dirección, le echo una ojeada y volvió a su dirección normal. Diego se impacientó.

¿Tan feo soy que no me dice ni hola?

Inés volteó su cabeza rápidamente, al darse cuenta de que el muchacho de botas marrones la había visto girarse. Definitivamente el color rojo había ocupado toda su cara, y le ardían las orejas. A ella, que siempre se la había tachado de sinvergüenza, la vergüenza la había hecho presa. Pero…

Es que es tan guapo…

Por fin, la escalera terminó e Inés se escondió en el primer estudio de radio que vio abierto, donde, por suerte, se encontraban sus amigas, aun probando la música que habrían de elegir para grabar el magazine. Antes de decir nada, se giró para volver a ver a aquel muchacho tan guapo, que se adelantó por el pasillo en dirección al estudio de televisión. Ángela fue la primera en saludarla, con una revelación que se le presentó como trascendental en aquel momento.

- ­¿Sabes que están Chala y sus amigos en el estudio de televisión? Yo le he saludado antes.

Inés abrió mucho los ojos. Esta vez no dejaría escapar la oportunidad. Se adecentó el pelo, se atusó la ropa, y salió sin mediar palabra.

Diego tiró su mochila en el suelo del pasillo de cualquier manera. Sus compañeros llevaban ya un tiempo esperando a que les dejasen el material, y todavía no obtenían respuesta.

- Ya he colgado el corto en el YouTube.- Dijo Chala, con desgana, tirado en una silla en mitad del pasillo.

De pronto, los ojos de su amigo se despegaron de los suyos para dirigirse a algo detrás de él.

Inés flanqueó al muchacho rubio para acercarse a Chala. Le costó reconocerlo en persona, a pesar de tenerle agregado a todas las redes sociales imaginables. Mientras pasaba, se fijó en la espalda del muchacho de botas marrones. Estaba cubierta por una cazadora gris, pero aun así, era perfecta. Las hormonas le jugaban malas pasadas. Chala la miraba acercarse con una expresión interrogante. Era obvio que él tampoco la reconocía.

- Ey, he visto tu corto. Me ha gustado mucho.- Le dijo, con la mayor de sus sonrisas.

Chala sonrió, azorado, y señaló al joven rubio de chaqueta gris y botas marrones.

- El director es él.- Aclaró.

La chica de abrigo verde, que ya no llevaba el abrigo verde, y malos modales, se giró y le miró.

- Me ha gustado mucho tu corto.

Le dijo, mirándole a los ojos. En los oídos de Diego, esas palabras sonaron a gloria.

Inés se quedó mirándole.

Dile algo más, vamos.

Pero esos ojos azules…

Diego la miró. No supo decidir si era guapa o no. Pelo corto y castaño, camiseta negra y vaqueros normales. Le gustó su estilo.

Dila algo, vamos.

- Gracias.

Dijo, olvidándose de sonreír.

Inés volvió al estudio de radio. Miro a sus compañeras. Todavía sonreía, como una tonta. Pulsó el play de la mesa de mandos. Y en todo el estudio de radio comenzó a sonar, a todo volumen, a todo el mundo…

Love is our resistance…

- ¡Baja eso, que nos van a decir algo!

Gritó Ángela.

Eso es, que nos digan algo…

Fuera del estudio, Chala, Diego y los demás se contoneaban con la música de Muse.

En ese momento comenzó La Increíble Historia del Chico del Estudio de Radio.

Te quiero, Dire.