Hoy ha sido, también, como todos los días, extraño. Ha sido un día normal, sin ti. He desayunado (torrijas, como manda la tradición), he empezado a estudiar el trabajo de Industrias, me he metido en internet y, sin querer, mis ojos han mirado tu estado del mesenger. Sé que no ibas a estar, pero aun así me he sentido decepcionada. El resto del día fue tranquilo. Vi mi telenovela favorita, hice los deberes de japonés, me duché, me arreglé, me vestí y salí.
Había quedado con Lyrisse en la plaza del pueblo, sin darme cuenta de que era Jueves Santo y en Paracuellos estaban de procesión. Al principio, al aparcar el coche (que ya me han devuelto, y con él, mi libertad de movimientos) me sorprendió que hubiera tan poca gente en la calle. Incluso pensé que no habría tanta crisis cuando la gente se iba de vacaciones toda la semana santa. Luego llegué a la plaza y vi a todo el maldito pueblo esperando a que sacasen el Cristo (de la Salud, creo que es) de la iglesia. Por suerte, encontré rápidamente a Lyrisse, que tampoco se había dado cuenta de las fechas en las que estábamos. Un fallo que dio al traste con nuestros planes de ir al Mesón y pedir copas de vino con las que, gratuitamente, te dan tostas. En lugar de eso acabamos, como siempre, en el restaurante chino del pueblo, cenando el sempiterno arroz tres delicias y el pollo con almendras. Durante la cena arreglamos el mundo, y lo organizamos a nuestra manera. Sobre todo en lo referido a las relaciones personales. Ella tiene una visión muy particular del asunto; una vision que , durante mucho tiempo, también fue la mía. Decía que los jóvenes, a los veinte años, como nosotras, no deberían anclarse en una relación a largo plazo porque, si algo salía mal y acababas a los veintisiete descompuesta y sin novio, habrías malgastado toda tu juventud en una relación que no te habría aportado nada. En cierto modo le di la razón, pero no en todo. Le expliqué que, para mi, una relación jamás debería basarse en el tiempo. Que lo que tú me dices siempre mañana te seguiré queriendo. Que no importa nada más que el momento presente y el mañana que tengamos enfrente. Y que, para estar con alguien así, lo primero que debías considerar es si esa persona te va a aportar algo. Le conté lo que tu me aportas a mi; no solo el cariño y el amor que me das, sino la curiosidad por conocer cosas nuevas, las ganas de viajar y conocer el mundo entero, la ambición de ser algo mucho mejor en el futuro. Las ganas de hacer cosas. Las ganas de vivir. Qué más da no ligar con otros chicos o cosas por el estilo en comparación con eso. Ella me contó muchas historias de amigos, y no tan amigos, que tenían relaciones por comodidad, en las que ambos "ponían los cuernos" a su pareja, pero no lo dejaban. Eso no me parece bien. Yo preferiría que tú tuvieras la libertad de estar con una chica si tienes ganas de hacerlo y piensas que te vas a perder algo por no hacer eso, que en ese momento deseas, al engaño de estar con alguien solo por comodidad. Quizá me estoy liando, tecleando palabras sin sentido.
Después de cenar, estuvimos bebiendo botellines y vino blanco en un bar "típico Paracuellense", con gente pegando gritos y la televisión a todo volumen. Entonces te llamé, aunque me hubiera gustado mucho hablar contigo más tiempo. Casi me emocionó el escuchar tu voz. Parece que no, pero se te echa mucho de menos.
Cuando llegué a casa, por fin, de madrugada, la melodía de una canción que seguramente a ti no te gustaría resonó en mi cabeza.
Salir, beber, el rollo de siempre, llegar a la cama y joder qué guarrada sin ti.
Hoy ha sido un día como podría haber sido otro antes de conocerte, de tener alguien a quien llamar novio, de saber lo que significa amar. Hoy ha sido un día de soltera sin sexo y sin artistas bohemios. Y joder, qué guarrada sin ti.
viernes, 2 de abril de 2010
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