sábado, 3 de abril de 2010

Día 3: Furia de Titanes

Hoy sí. Hoy puedo decir con mayúsculas que te he echado mucho de menos. Es diferente que recordarte. Cuando me acuerdo de ti, sonrío, pensando en cómo sería todo si estuvieras en ese momento a mi lado, o en la cara que pondrás cuando te lo cuente. Echarte de menos es muy distinto. Es sentir un nudo en el estómago y una quemazón en la garganta mientras observas cómo otras parejas se besan en el cine. Es sentir tus manos sujetando las mías a pesar de que estén a cientos de kilómetros de aqui. Es desear con todas tus fuerzas que aparezcas por sorpresa alli donde yo me encuentro, para decirme que todo va a ir bien mientras me besas. Hoy te he echado mucho de menos.

El día en si no ha tenído nada de particular; pero algo, no sé el qué, me hacía dar vueltas por la casa sin saber qué estaba buscando. Algo me hacía pensar y revivir momentos pasados, la mayoría malos. Algo me hacía recordar sucesos que jamás quisiera volver a recordar, mientras sentía que tenía que hacer algo, no sé el qué. No te asustes. Debe ser el aburrimiento. Un aburrimiento nervioso, ya que, a pesar de tener mil cosas que hacer, no haces ninguna y matas el tiempo enfrente del ordenador, pensando. Y ya se sabe que pensar demasiado nunca fue bueno.

Hacia el final de la tarde salí de camino a la casa de Navas, para recogerla a ella (y a su, ahora, inseparable novio) e ir al cine. Habíamos discutido largo y tendido acerca de la película que queríamos ver. Yo tenía muchas ganas de ver El Libro de Eli, porque ya sabes que las películas distópicas son mi vicio; sin embargo, Navas solo me daba a elegir entre Cómo Entrenar a Tu Dragón o Furia de Titanes. Ni siquiera quiso considerar mi segunda opción, El Mal Ajeno. El caso fue que, al final, acabé cediendo y elegimos Furia de Titanes. La película tenía pinta de ser muy mala, y no nos decepcionó. Reamente lo fácil sería criticarla, así que todavía intento recordar algún detalle positivo. Hasta ahora solo he llegado a la conclusión de que se saltaban poco el eje, y no había grandes fallos destacables de raccord. Y bueno, defiende la superioridad del hombre frente a los dioses (qué raro que la Iglesia no se haya quejado). Así que algo bueno tiene tragarse casi tres horas de indigesto cine americano... ¿no? Aparte de las palomitas, quiero decir; palomitas que, por otra parte, me han dejado el estómago revuelto. Creo que no me han sentado bien. En fin. Prefiero mil veces ir al cine contigo, al menos me llevas a ver películas que yo también quiero ver. Para colmo, se me olvidó sacar mi bono por entrada gratis y acabé pagando.


No he tenido un buen día. No solo por la película, sino también por la compañía. Navas y Rodil no dejaban de hacerse carantoñas, a cada cual, y según pasaba el tiempo, más descaradas; y yo no hacía más que acordarme de ti. Incluso pensaba en qué habrías respondido ante determinadas frases o gestos. Podía oir tu famoso "madrecita" en mi cabeza. Para colmo, empezaron a hablar de mi ex. Para qué dar más detalles. Como remate, al meterme en la cama, tuve pesadillas. Le empecé a gritar a alguien, que no consigo recordar, que me dejase en paz y confiase en mi. Mi hermano dice que utilicé palabras como "hostias" y "cojones".

Ahora que releo todo lo que he escrito, me doy cuenta de que soy una quejica. No ha sido un día tan malo como lo pinto. Ha hecho una buena tarde, me he sentido muy guapa al ponerme mi camisa nueva, y he jugado con mis padres al golf en el jardín. De una forma un tanto particular, eso sí. Y también he podido hablar contigo sin sentirme observada. Te he escuchado lejano y aburrido. Se me ha olvidado pedirte una foto tuya y del mar. No sé por qué, solo me hacía ilusión tenerla.


Te echo de menos, director. No soy la única. Rodil mencionó varias veces que era una pena que no hubieras podido venir, porque eras muy gracioso. Solo que él no echa tanto de menos las mismas cosas que yo. O eso espero.

No hay comentarios:

Publicar un comentario