Tu llamada me despertó. Fue bonito escuchar tu voz, aunque estés lejos. Me dijiste que fuera a la fiesta de Raúl. El problema fue que, al final, no hubo fiesta. De todas formas, me habría dado pena ir sin ti. Te habría echado de menos. Lo cierto es que al oirte me entraron muchas ganas de estar alli contigo. Para abrazarte, besarte, acariciarte... todo eso de lo que tengo ganas ahora a pesar de no tenerte cerca. Me dijiste que el lunes pasaríamos todo el día juntos. Espero que sea verdad, porque tenemos muchas cosas que hacer. Tenemos que abrazarnos hasta hartarnos el uno del otro, besarnos hasta que se nos quede la boca seca, mirarnos a los ojos hasta poder recordar una a una todas las líneas que los unen. Son muchas las cosas que tenemos que hacer.
Después de eso no hay mucho que comentar. Me bañé, jugué un rato con mis padres y mi hermano, y cenamos. Luego estuve metida en el ordenador hasta las 2 y media de la madrugada. Navas había tenido problemas con su novio y , como no, también tenía muchas dudas de sexo. La verdad es que debería sacarme el título de sexóloga, porque ya van más de 3 y 4 veces las que me toca hacer de consejera sexual con mis amigos. Que si está bien hacer esto o aquello, o cómo se hace lo de más allá. Debe ser que lo explico bien, sino, no entiendo a qué viene este chorreo de preguntas. Me da un poco de miedo que la gente sepa tan poco del tema, o saber yo tanto. Pero hay cosas que son obvias, y aun así... bueno, dejemoslo. Aparte de Navas, también me habló un antiguo amigo mío, con el que hacía tiempo que no charlaba. Siguió la linea habitual de mis últimas conversaciones online, en las que todos mis amigos me comentan cosas que me dejan la cabeza rallada y llena de dudas. En este caso, el chico afirmó rotundamente que yo no me merecía nada, y mucho menos ser amada, ya que yo no soy capaz de sentir amor, porque estoy por encima del amor. Exactamente dijo que estaba por encima del amor porque estaba por encima de la esclavitud. Podrás pensar que , con amigos como los míos, quién necesita enemigos. Pero lo peor es que me lo decía como un piropo. Así se me pasó la noche, escuchando las penas y dudas de mi mejor amiga, y los pensamientos tan filosóficos y transgresores de otro colega. Y mientras, echando de menos tenerte alli para hablar también contigo, y contarte todo esto.
Ya solo quedan dos días para que vuelvas. Jamás pensé que 6 días se me llegarían a hacer tan pesados. Debe ser que me has marcado más de lo que yo misma admito. De todas formas, me gusta escribirte todos los días. Es una buena costumbre que debería haber recuperado antes. Hace tiempo escribía todos los días, relatos, poesías, lo primero que se me pesaba por la cabeza. Y lo dejé. Como digo, ya era hora de recuperarlo.Te quiero muchísimo. Por muy por encima que estemos del amor, te quiero.

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